Inhabilitación moral

480
Foto Europa Press

El cinismo del Sr. Rajoy roza la desvergüenza. Volvemos sobre el tema porque la corrupción y la poca dignidad no dejan de aflorar en el PP. Ahora es “la” Rita Barberá.

Pocas veces he estado de acuerdo -desde estas páginas- con las posturas de Pedro Sánchez, el líder del PSOE, y mi último artículo da fe de ello. Pero hay una ocasión en que llevaba toda la razón: cuando le dijo al Sr. Rajoy que era indigno de ser candidato a Presidente del Gobierno. El tiempo ha dado la razón a aquella diatriba lanzada por el Sr. Sánchez en el debate electoral celebrado a dos bandas. Pienso que el PP debería buscar una persona con dignidad, ética y autoridad para presentarlo a la investidura.

Sin entrar en otras valoraciones, sólo las relativas a sus posturas ante los casos de corrupción que día a día asolan a la formación conservadora, el Sr. Rajoy se inhabilita, él solito, para ser candidato a nada. Es más considero que debería presentar su dimisión en beneficio, no ya del país, que también, sino de su propio partido. A fecha de hoy, don Mariano no sólo no aporta nada a la gobernabilidad de este país, sino que es una rémora para conseguir un consenso para formar gobierno. Y los españoles merecemos mucho más respeto que el que nos demuestra el Presidente en funciones.

La cantinela de que el PP ha expulsado a Rita Barberá, acusada en principio nada menos que de blanqueo de capitales, ya nos la sabemos de memoria y nos suena a recurso manido, desvergonzado y falto de respeto con los ciudadanos. Se supone que alguien debe responder de haberla incluido en las lista del PP al Senado. La postura de lavarse las manos a lo Poncio Pilatos es, como la historia ha demostrado, una cobardía.

La inclusión de la acusada Rita Barberá, de momento presunta inocente, en las listas de la formación conservadora levantó sospechas de que se pretendía blindar a la ex alcaldesa de Valencia. Según parece fue una imposición del propio Sr. Rajoy. Aquellas sospechas han devenido en certeza, al menos es lo que evidencian los comportamientos de la mayor parte de la cúpula del PP incluido el propio Presidente del Gobierno en funciones. Alguien debería asumir las responsabilidades que tocan ante la negativa de la Sra. Barberá a abandonar el escaño.

Son muchas las ocasiones en que don Mariano Rajoy ha apoyado públicamente a “personajes” que más tarde han sido enjuiciados por delitos relacionados con actuaciones corruptas. Se me viene a la memoria el caso del Sr. Fabra, don Carlos, el Caso Bárcenas (no hay que olvidar que el Sr. Bárcenas estuvo durante 8 años sentado al lado de don Mariano Rajoy en la dirección nacional del PP), el apoyo mostrado a don Rodrigo Rato, pendiente de juicio por el presunto fraude de Bankia. (Nada menos que un ex vicepresidente del Gobierno que fue colocado a la cabeza del banco por el Sr. Rajoy), Jaume Matas, ex presidente balear… Son muchos los casos en los que el Presidente del gobierno en funciones ha puesto la mano en el fuego por gente que luego han sido enjuiciados y condenados a una estancia entre rejas (de momento van cuatro).

Cabe una duda: o realmente el Sr. Rajoy no sabía nada de las conductas ilegales de estos compañeros suyos de partido o lo sabía y puso en práctica la táctica de la huida hacia adelante. En ambos casos no está capacitado para dirigir un país. Tanto si es por falta de capacidad como si es por falta de honradez, el Sr. Rajoy debe ser consecuente, abandonar su escaño en el Congreso y marcharse a su casa. Es lo que el PP reclama constantemente a los demás cuando surgen temas similares. Parece que el PP sólo tiene intención de luchar contra la corrupción de los demás, nunca contra la propia.

El Sr. Rajoy, en lugar de exigir a Rita Barberá que se ponga a disposición de los tribunales para esclarecer los hechos y que resplandezca la limpieza (a eso se le llama transparencia), la blinda, la pone de Senadora y encima la mete en dos comisiones del Senado para que gane un suplemento extra mensual. El comportamiento del Sr. Rajoy desde luego no tiene nada de transparente, es más no da la cara, lo que nos muestra la medida de su valentía.

El Sr. Rajoy ha sido torpe e inepto, siendo bien pensado, para solucionar este caso. Porque no quiero pensar que su comportamiento haya sido el de un vulgar encubridor.