Injustificable

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Manuel Moix, fiscal Anticorrupción entrevistado por Àngels Barceló en Hora 25 de Cadena Ser

Cuando saltó la noticia de que el Fiscal Anticorrupción era propietario de una sociedad en un paraíso fiscal (al parecer es copropietario ya que, según admite él mismo, posee el 25% de dicha sociedad), algunos incautos pensamos que presentaría voluntariamente su dimisión. Los acontecimientos nos han quitado el velo: no dimite. Luego, supusimos que su jefe, el Fiscal General, lo cesaría: nueva decepción. “Al menos el Presidente del Gobierno, lo plantará en la calle”, nos dijimos. ¡Otro zurrapazo: el Sr. Rajoy respalda la actuación y no ve nada ilegal! Un axioma jurídico dice que “una cosa es la legalidad y otra la justicia”, o la ética. Parece que el sentido de la ética que tenemos algunos no coincide con los de estos personajes. Eso no es que seamos ni mejores ni peores que ellos, somos sencillamente distintos. ¡Bendita diferencia la que tenemos con ellos!, al menos algunos nos sentimos muy orgullosos y honrados de estas diferencias en el concepto ético de muchas cosas.

No podemos olvidar que un fiscal es un funcionario público. Es decir que un fiscal cobra su sueldo, su nómina, gracias a los impuestos de los ciudadanos. En esto estaremos de acuerdo. (Casualmente, y hacemos el comentario como inciso, los mayores defensores de lo privado son funcionarios: el Sr. Rajoy registrador de la Propiedad, la Sra. Vicepresidenta Abogada del Estado, don Cristóbal Montoro Catedrático de la Universidad Pública de Cantabria…). Tampoco podemos olvidar que la función de la Fiscalía, también de la Fiscalía Anticorrupción, es procurar por todos los medios legales que se cumpla la ley. Lógicamente, la fiscalía debe anteponer el interés público en todas sus actuaciones, es decir, el interés del Estado que es, o debe ser, el de los ciudadanos. ¡Esa risita burlona te delata, amigo lector! Lo triste es que a mí que estoy escribiendo estas líneas, me pasa lo mismo: no puedo evitar una sonrisa sarcástica.

Muchos ciudadanos, al oír las declaraciones del Fiscal Anticorrupción, pensarían que sería inmediatamente cesado por quién lo nombró. ¡Todavía seguimos existiendo incautos! Cuando salió al estrado el Fiscal General del Estado, jefe inmediato del Fiscal Anticorrupción, sus palabras me dejaron sin poder de reacción: no veía ningún motivo para cesarlo. Vamos a ver si nos entendemos: ese señor, el Fiscal Anticorrupción, que cobra su nómina del dinero de los españoles, tienen dinero en un país extranjero, en una cuenta que no paga impuestos en nuestro país (seamos generosos: dejemos de lado la dudosa legalidad de la cuenta), y eso no es motivo para que su jefe lo cese, o al menos lo llame al orden. Como se dice en mi pueblo: ¡pá mear y no echar gotas! Pero es que no para ahí la cuestión: El Presidente del Gobierno, que nombra al Fiscal General del Estado y al Fiscal Anticorrupción, le expresa su apoyo públicamente. Hay que recordar que un Ministro de su Gobierno, se vio forzado a presentar la dimisión por el mismo motivo. Una de dos: o el Sr. Rajoy no tiene memoria o se hace el tonto. Muchos ciudadanos sí tenemos memoria aunque algunos, de momento, no lo crean y, además, no somos tontos.

Al hilo de lo planteado, seguimos diciendo desde aquí lo que ya hemos repetido en varias ocasiones: TODOS los puestos de funcionarios, TODOS, deberían ser cubiertos de la misma manera: por concurso. No es de recibo que haya reservas para que la clase política tenga cubiertas las espaldas. Los ascensos, insistimos, deberían ser en TODOS LOS CASOS, por méritos y no por afinidad política, simpatía personal o amiguismos. Los ciudadanos, muchos, estamos hartos de decepciones continuas y de aguantar las desvergüenzas de algunos.

¿Dimisión? Al parecer es una palabra que está fuera del diccionario de muchos, a pesar de estar vigente en el de la RAE y rabiosamente actual en la mente de todos los ciudadanos. Según se desprende de las declaraciones del Fiscal Anticorrupción, de su jefe inmediato y del jefe de ambos, es muy distinto lo que consideran ellos y lo que consideramos inmoral la mayoría de los españoles.