Investidura versus elección

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Foto Twitter Oficial Mariano Rajoy

Lo que está ocurriendo en España se puede explicar de esta manera: dentro de tu grupo de amigos hay unos cuantos iluminados autoproclamados cinéfilo, aunque en realidad todo lo que saben de cine es lo que aprenden de Carlos Boyero. Tus amigos y tú queréis ir al cine, y estos escogidos son los encargados de decidir qué película de entre toda la cartelera es la que veréis, con la suerte de que tus amigos, convencidos de su gusto refinado, pretenden que veáis Cafe Society aprovechando el pase en Versión Original Subtitulada, opción que no convence en absoluto a una parte del grupo, que se niegan en redondo sin alternativa ninguna. ¿Cuál es la consecuencia? En el impás de la indecisión os cierran el cine y tenéis que repetir la escenita otro día.

Eso, trasladado a nuestro sistema político, es lo que llamamos proceso de investidura, caracterizado por una singularidad, frente a una candidatura existen tres posibilidades: “Sí”, “No” y “Abstención”.

¿Pero esto tiene realmente sentido? Y ¿existen alternativas a este modelo?

Creo que es el momento de que empecemos a hacernos este tipo de preguntas porque está claro que los actuales mecanismos no están dando sus frutos, y es posible que hayan agotado su ciclo con la salida de la relativa simpleza que otorgaba la lógica bipartidista.

La Ley tiene varios cometidos, uno de ellos es arreglar los desajustes derivados de las eventuales conductas humanas cuando estas se demuestran contraproducentes para los principios e intereses sobre los que peralta nuestro sistema de valores. Un ejemplo es la normativa en materia de seguridad vial, especialmente represiva en nuestro país, y que sólo es reformada para hacerla más restrictiva aún, porque resulta que somos unos cabras al volante, y que aprovechamos cualquier escollo legal para saltarnos la ley a la torera. Pues exactamente lo mismo, e incluso con mayor ahínco, debería ocurrir cuando hablamos de quienes ejercen el poder político, sobre todo teniendo en cuenta que si hay algo que represente mejor que nada la Marca España es la corrupción política, que es desde hace años una de las mayores preocupaciones de la ciudadanía según el Centro de Investigaciones Sociológicas.

Una dualidad en la forma de elegir a la persona que ejercerá la presidencia la vimos en las elecciones autonómicas cogiendo dos Comunidades: Andalucía y Asturias.

El caso andaluz es tremendamente parecido a lo que ahora mismo atraviesa toda España, aunque fue peor desde un punto de vista moral, ya que la demora en la investidura de la actual presidenta, Susana Díaz, no se debió a un choque de visiones sobre un proyecto para Andalucía, sino a la oportunidad de tomar la decisión de forma que no afectara electoralmente a las elecciones que se celebrarían poco después de las andaluzas en el resto del país. Finalmente fue la situación fue salvada, pero no podemos dejar de pensar que en un parlamento fragmentado, y así son nuestros parlamentos ahora, todo puede depender de la voluntad nada constructiva de una minoría que lógicamente está legitimada para construir su relato en oposición a aquello que bloquean.

¿Por qué en Asturias no se dio esta situación pese a tener un parlamento muy fragmentado y además muy polarizado? En Asturias no tenemos un sistema de investidura, sino de elección. La diferencia es que en el seno de la Junta General —parlamento autonómico asturiano—, frente a una candidatura a la presidencia los diputados y diputadas no pueden votar en contra, lo que obliga a que si existe una oposición a la candidatura presentada necesariamente se tenga que presentar una alternativa para evitar que la primera sea vencedora.

Es decir, que si tus amigos no quieren ver Cafe Society en VOSE, que al menos propongan Cuerpo de Élite y así al menos no habéis tirado el tiempo.