Javier Fernández, el hombre tranquilo

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Foto Europa Press

Hace 3 años, Alfredo Pérez Rubalcaba llegó a la conclusión de que el PSOE tenía un problema. Su programa de máximos jamás perecería, pero las propuestas concretas, las respuestas con las que el PSOE pretendía responder a las preguntas que están sobre la mesa desde que el mundo es mundo, sí podían perder vigencia, y que lo habían hecho. Por ello, se planteó hacer una Conferencia Política que tenía por objetivo renovar el elenco programático del PSOE y actualizar además el funcionamiento del partido para adaptarlo a las necesidades y medios del S. XXI. Por primera vez en España, un partido mayoritario abría sus puertas para que toda la sociedad participara en esa puesta a punto. Rubalcaba quiso dar así una imagen aperturista y de renovación, pese a que los resultados en las Elecciones Europeas fueron una demostración de que el país nunca vería renovado al PSOE con una figura tan gastada como la suya a la cabeza.

El proceso duró meses, y no fue muy recordado. Pero hay algo de lo que una gran parte de la militancia aún se acuerda, y aún recuerda cada vez que coinciden con algún militante de Asturias. La apertura de la Conferencia Política del 2013 fue a cargo de Javier Fernández, el entonces desconocido presidente del Principado y Secretario General de la Federación Socialista Asturiana. Hasta aquel momento pocas personas tenían noticia de aquel hombre, que de la noche a la mañana se había convertido en un referente moral con un discurso que recordaba la identidad económica, nacional e ideológica del PSOE en un momento de deriva.

Hoy, ese hombre, desconocido, callado —el mudu, le llaman algunos en Asturias—, pero con fuerza y emocionante a un tiempo, al que una aparente mayoría reconocía como referente, es el presidente de la denostada Gestora que dirige el PSOE hasta la celebración de un Congreso en el que se elija un nuevo liderazgo. Es además un momento en el que, recordando las palabras del difunto Mario Soares, el PSOE deba someterse a una refundación, porque quizás los objetivos de la socialdemocracia sean inalcanzables con estructuras más propias del S. XX que del XXI.

Pese a la sombría lluvia de críticas que se precipita sin cesar sobre la cabeza de Javier Fernández, es posiblemente la mejor opción para presidir la Gestora del PSOE en un momento tan difícil como el que el partido vive. Diría que nunca se vivió una situación tan compleja, nunca se caminó tan cerca del enorme vacío del olvido y la irrelevancia, de ocupar museos de Historia y no las instituciones públicas, desde que el PSOE se dividió entre el lejano exilio y la débil clandestinidad no se ha vivido una crisis de estas proporciones.

El Partido Socialista atraviesa una crisis de ambiente fraticida, por eso se necesita a alguien con pulso firme que cuelgue el cartel de Business as usual en Ferraz mientras el tiempo calma las aguas y los corazones se enfrían para tomar una decisión de calado tan grande como renovar el liderazgo federal, porque gane quien gane, el resultado no puede ser el clásico cainismo socialista. Gane quien gane, el PSOE tiene que ser capaz de mirar adelante, de curar heridas para que la crítica siga siendo un motor de progreso y no un indicio de ruptura, porque España necesita un Partido Socialista que ponga el discurso social responsable y el debate profundo y sosegado en la agenda política nacional.

Mientras tanto, el PSOE necesita a Javier Fernández, el hombre tranquilo.