Jugando con fantasmas

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Ya sé que hoy es domingo 30 y que me cuelo un día, pero en la “previa” de Halloween os voy a acojonar vivos. Hoy tocan espíritus y ouijas. Si, ouijas, muy original.

Pero el rollo que traigo es de los buenos, de estos de primera mano. Vamos, que nací siendo escéptico hasta que me tuve que morder la lengua y callarme. Y con estas historias solo te callas cuando te pasan a ti. Porque el vaso se mueve y piensas “vale, puede ser por mil cosas” pero te lo empiezas a preguntar de verdad cuando eso empieza a soltar cosas que solo tú sabes y con las que, evidentemente, no te vas a gastar bromas a ti mismo.

Ahí va: cinco mataos un viernes noche aburridos en un sótano y algo pasados de rosca. Tres de ellos, entre los que me incluyo, amigos íntimos. De los que no juegan con tus muertos y eso ni de coña. El resto, otro novicio escéptico del asunto y un firme defensor del espiritismo que nos cuenta su versión del asunto. Nos convence y decidimos probar bajo su guía. Y joder que si funcionaba. Solo habla el moderador y el resto de preguntas deben de pasar por él. Se pide permiso para empezar, se pide permiso para terminar. Que dejar la puerta abierta es lo más peligroso que por lo visto se puede hacer. Y llevábamos seis o siete conversaciones ya de todo tipo, la mayoría bastante fluidas y todas desde el respeto (en lo que más insistió nuestro colega “médium”) cuando decide dejarnos a nuestra suerte y quedarse de espectador, para que nos quede claro que no se está quedando con nosotros. Mi mejor amigo, echao pa’lante como ninguno, decide pedir el puesto de moderador. Y en su primera vez, sale mi difunto abuelo paterno.

¡Pam! El vaso deja de responderle y se empieza a bloquear. Blanco como el papel y al borde de un ataque de giñitis aguda me salto las reglas y empiezo a hablar directamente yo. Y todo vuelve a fluir con normalidad. Preguntas y respuestas claras, nombres, causas de defunción, secretos familiares…ninguno de los presentes tenía esa información y si la hubieran tenido nunca se hubieran atrevido a gastarme una broma tan pesada. Y no tanto por cariño, más bien por mi gancho de derecha.

Lo que siguió fue para mí, penséis lo que penséis, una bonita conversación entre un nieto y un abuelo que no tuvieron mucho tiempo para conocerse (se me fue cuando era un crío). Tenía de todo menos miedo, incluso se me pasó el frío que hacía ese día. No quería ni parar, pero a mi colega le iba a provocar un paro cardíaco si me enrollaba más. No he vuelto a hacer nunca otra ouija y se que muchos estudios sostienen que es nuestra misma mente la que se encarga de mover el tema sin que nos demos cuenta. Pero la verdad, a mi me gusta más la versión de que de verdad estaba él al otro lado. ¿Que queréis que os diga?, no veo porque temerle tanto a eso de que un familiar te observe desde donde sea que esté. Eso de pensar que mi abuelo esté ahora mismo a mi lado leyendo estas líneas a mi me encanta. Nunca sería una presencia maligna y nunca me desearía ningún mal.

Así que ya sabéis, os dejo con una canción chula para quitarle hierro al asunto. Pasadlo genial mañana, no os emborrachéis demasiado y no os pongáis disfraces demasiado provocativos. Que ya sabéis que cabe la posibilidad de que haya alguien observándonos…y mejor no enfadarle mucho por si acaso, ¿no?