Juguetes solares, una alternativa educativa y pedagógica para los más pequeños

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En 2006 cuatro profesionales se embarcaron en un proyecto empresarial llamado Denki, Estudios y Proyectos Energéticos. Defensores a ultranza de la viabilidad y cualidades de las llamadas “energías alternativas o blandas” llevan a cabo proyectos y direcciones de obra sobre renovables como la solar térmica, solar fotovoltaica, eólica, geotérmica o biomasa. Al mismo tiempo que dan servicios de diseño, formación y asesoramiento. Tras 8 años de existencia, esta ingeniería de energías limpias, ha podido “capear un poco el temporal” abriéndose a otras posibilidades de negocio, los juguetes solares.

“Comenzamos con los juguetes para darle publicidad a la ingeniería. A pesar de que nos  salieron algunos clientes, nos dimos cuenta de que estos nuevos productos empezaban a interesar y venderse. El año pasado fue un poco un experimento. Teníamos un proveedor, con precio poco competitivo y aun así se vendió. Con lo cual empezamos a buscar proveedores, nuevos sitios donde comprar y este año hemos hecho una apuesta mucho más fuerte”, explica Jorge Florián.

Para poder darlos a conocer, desde Denki utilizan y asisten a los mercadillos donde  exponen su línea de juguetes solares. Comenzaron en Alcalá de Guadaíra y tras esa experiencia han ido pasando por diferentes localidades o provincias como Dos Hermanas, Sevilla o Málaga. “Casi toda la venta de este tipo de juguetes es porque la gente pasa, ve el puesto, le llama la atención y se para. Una vez allí les explicamos, casi siempre, uno por uno, lo que hace cada juguete”. Por esa razón, casi todo el equipo suele estar presente para dar las explicaciones pertinentes, a todas las personas interesadas que se sienten atraídas por unos “artefactos”, que se mueven con placas solares y así ilustrarles sobre lo que están viendo y su funcionamiento.

En la actualidad están pensando en ampliar el negocio buscando empresas que vendan sus juguetes. “El público está siendo muy receptivo, pero tenemos un límite. Aunque vendamos en mercadillos y puestos creemos que es algo atractivo, así que nos encontramos ante la posibilidad de buscar tiendas para ubicar nuestros productos”.

Inicios

En noviembre de 2012, por mera casualidad, ante la dificultad de adquirir juguetes solares en el mercado, la opción era buscarlos por Internet o pedirlos al extranjero, vieron que era una iniciativa interesante.

“Primero son divertidos, no solo para el niño sino para el padre, porque exigen que ambos lo monten juntos. Además son muy educativos. El niño está jugando sin darse cuenta y aprendiendo conceptos. El concepto de la energía se tarda en pillar. En el caso de los juguetes solares el niño se da cuenta de que hay algo que hace funcionar el aparato, la luz”, argumenta Miguel Ángel Velarde.

Aunque la mayoría de juguetes son solares, no todos funcionan con el sol. “Tenemos alguno eólico, otros que funcionan con método químico (agua y sal) y tenemos otro que se mueve con una célula de combustible de hidrógeno como la que llevan los coches de verdad”, añade Rosa Jiménez.

El público que accede a este tipo de juguetes es muy heterogéneo y variado “pero hay un público más o menos fiel”. Si los padres están concienciados con la protección del medio ambiente y las energías renovables, será mucho más fácil que compren este tipo de juguetes.

Reconocen que por Internet se vende poco, “a no ser que nos conozcan y ya nos busquen en la web (ww.denkisl.es)”. Y a pesar de que al principio organizaron los juguetes por edad en el catálogo, desecharon la idea “porque cada niño es un mundo” y todo depende de las habilidades del menor, que en multitud de ocasiones, sorprenden a sus padres con  amplias capacidades de aprendizaje y rápida asimilación de conceptos.

Dentro de la filosofía empresarial de Denki, conseguir implantar en los niños una mentalidad ecológica práctica es primordial. “Siempre hemos tenido en la cabeza que los niños son el futuro”. A través de los juguetes solares  los pequeños experimentan y comprueban que las energías renovables son una alternativa más. “Lo primero que aprenden es ¿qué es la energía? Después esto lo extrapolan a su casa, si pueden tener sus juguetes funcionando con una placa solar, también se podrá utilizar ese tipo de energía para calentar el agua de casa, por ejemplo”, nos cuenta Jorge Florián.

Un mundo eficiente

Que los niños asimilen desde pequeños los beneficios que comportan la utilización de las energías renovables, frente a las convencionales procedentes de combustibles fósiles, es la esperanza por un mundo mejor que comparte este grupo de profesionales. Con un simple gesto, como la compra de un juguete solar, el niño toma conciencia de que “lo va a poder montar y desmontar. Se va a dar cuenta de que hay unos cables que no son peligrosos porque no le van a dar ningún chispazo, y que hay ‘algo’ que mueve ese juguete. Descubrirá que las cosas no son magia, que tienen una causa y un efecto y que hay ciencia detrás de eso. Una tecnología diferente a las otras y que es factible”.

Además no solo verá la tecnología que hay detrás de estos juguetes, ya sea la energía solar, hidráulica o eólica, “sino que también podrá investigar y ver el montaje del juguete en sí. Es decir, los engranajes, el pequeño motorcito, etc. Así que entramos en principios físicos básicos para que desde pequeños sean conscientes de que la tecnología va muy rápido y tienen que ir aprendiendo continuamente”.

En definitiva,  lo que se persigue y consigue, en la mayoría de los casos, es que el niño se divierta con el juguete, que es el objetivo más importante. Pero que también sepa “que no todo es enchufar o poner una pila a nuestros juguetes de siempre y que hay alternativas a lo que siempre te venden.”.