Julieta hacia los Oscars

La historia más reposada de Almodóvar, al que encuentro más narrativo y literario que nunca.

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Darío Grandinetti y Emma Suárez en Julieta. EUROPA PRESS

En unos tiempos donde la obviedad reina, es difícil escribir sobre lo complejo. Que se lo digan a Su Majestad el Rey, que en lo obvio se recrea y en su discurso de ayer recordando a Cela dijo que es una “figura literaria e intelectual imprescindible para comprender la España posterior a la Guerra Civil”. Su Preparación el Rey no tiene por qué saber de todo lo que tiene que hablar, sino, sería lógico el hobbesianismo que le regala una corona. No obstante, como diría Umbral, hemos venido a hablar de Julieta, la seleccionada para la carrera de los Oscars; una película, como decimos, compleja.

¿De qué va? Julieta tiene una hija llamada Antía que en cuanto cumple los dieciocho decide hacer las maletas e irse sin dar más explicación. Julieta, que rehace su vida después de una muerte en vida, tras un encuentro con una amiga de Antía muchos años más tarde, decide empezar a buscarla, descubriendo que, aunque fuera su hija, no sabía nada de ella. Ya ven que parece que la canadiense Alice Munro (Premio Nobel 2013) escribió los tres relatos en los que se basa la película pensando en nuestro aclamado Pedro. Los encontrarán, por cierto, en Escapada, publicado en 2004. El largo pasear que hace Almodóvar por el tiempo propicia que Julieta sea encarnada por dos actrices: Adriana Ugarte y Emma Suárez.

La película es muy buena y, a pesar de la temática, nos llega muy fresca. Lo mejor, como casi siempre en Almodóvar, es el guión. Sigue siendo ese cineasta que quiso que la línea que separa lo creíble de lo increíble fuera lo que rodea a los personajes. Una vez más, el guión en determinadas fases en las que aparecen Inma Cuesta y Rossy de Palma podría ser algo alucinógeno sino fuera porque está envuelto por un gran reparto que se mueve en unos escenarios perfectos. Siempre que hablo sobre Volver digo que la historia no sería la misma sin el delantal de Penélope Cruz ni las ollas que utilizan para hacer la comida, aquí pasa muy parecido: Almodóvar muestra primero una Galicia de pescadores en la que los tonos azules (bonitos y tranquilizadores) marcan casi todas las escenas y luego un Madrid urbanita y frío. Es cierto, el personaje de Julieta pasa de estar cómoda a vivir en un infierno emocional.

Volviendo a la primera parte de la credibilidad de la cinta (el reparto), Almodóvar no se arriesga: Adriana Ugarte está fantástica y Emma Suárez es mi principal apuesta para el próximo Goya a mejor actriz (hasta el momento). Es más que probable que, a falta de cuatro meses cortos, tanto Ugarte como Suárez estén nominadas y les acompañe Natalia de Molina por Kiki.

Suárez es una actriz de raza y rareza. Si pensamos en una actriz de raza hablaremos de una actriz que hace bien los papeles en los que el personaje es fuerte y duro y arremete contra lo que se le ponga por delante; Suárez demuestra que hay raza en la frialdad, que no sentir nada merece una interpretación de ojos de fría plata (que diría Lorca). A su lado, un predilecto de Almodóvar para los papeles secundarios, Dario Grandinetti, al que vimos en Hable con ella (y del que tienen que ver El lado oscuro del corazón). Ugarte se ha puesto en la palestra, ya está aquí, lo ha demostrado. Una interpretación más compleja de lo que parecía resuelta con sencillez. Ambas actrices han hecho un trabajo duro detrás de la cámara: Julieta tiene, en las dos actrices, los mismos gestos, las mismas manías, principal dificultad que se encuentra cuando dos personas hacen en la misma obra el mismo papel. Hay conexión entre ambas y están interpretadas en la misma línea vital, lo cual era absolutamente primordial para la credibilidad de la narración.

Siguiendo con los secundarios, Rossy de Palma sigue siendo Rossy de Palma y está como nunca y de Inma Cuesta yo no me cansaría de hablar, pero ustedes sí que se van a cansar de leerme (busquen en whatsapp y pongan aquí e icono del corazoncito). Daniel Grao en el papel de Xoan se mueve sin demasiada dificultad, como los buenos baloncestistas según Popovich (entrenador de San Antonio Spurs): Viene, juega y se va. Michelle Jenner tiene un papel de poca pantalla y mucha intensidad que resuelve sin más dificultad.

En conclusión, más que recomendable. Una historia turbia sobre el silencio que provoca la pérdida o el abandono de los seres queridos, de cómo se pasa de tener vida en las pupilas a no tener nada. La historia más reposada de Almodóvar, al que encuentro más narrativo y literario que nunca. Crucemos los dedos y que haya suerte en Hollywood.