La asquerosa pasividad

Cuando uno se da a la pasividad en política, en realidad, lo que consigue es que todo el poder que le rodea se haga más fuerte.

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Donald Trump, Presidente Estados Unidos de América. EP

De un tiempo a esta parte tengo cierta manía por esa población que se declara sin ningún tipo de apuro «apolítica». Y quedan bien diciendo que son todos unos mangantes y que por eso no se identifican y una sarta de medias verdades que les dan notoriedad simplona en las redes sociales. No les aguanto. Su pasividad me produce una profundísima rabia.

«Pasar de la política», hacer todo lo posible por no informarse, desculturizarse y ser partícipe del no-pensamiento, es la principal razón de nuestras carencias sociales, pues dejamos de exigir en base a la razón.

Yo no pido que militen en mis causas, ni mucho menos en mis formas. Pero la pasividad la condeno desde su raíz más profunda, pues los hay que se manifiestan y se manifiestan para toda la ciudadanía. No excluyen. Si vas a una manifestación ya sea contra el aborto o por los derechos laborales, si lo peleas, te expones a una crítica masiva y muchas veces injusta en prácticamente todas partes. Precisamente los que no se han mojado nunca, los de la pasividad, serán capaces de malinterpretar cada palabra que digas, de tergiversarlas y hacer ver que has dicho todo lo contrario a lo que en realidad piensas… Y dos horas antes te estabas peleando por esas mismas personas, pero un like en facebook o un retweet pesa bastante más que el esfuerzo de informarse.

Hay quien milita en otras causas, también hay quien milita en las mismas causas pero hacia direcciones distintas. En la economía, por ejemplo, los hay que tiran hacia la socialización y los hay que tiran hacia la liberalización. Bien, qué le vamos a hacer, la democracia es caprichosa; pero esa gente que milita, que acude, que se pelea, que piensa, que trabaja en sus discursos, que lee para satisfacer una razón discursiva denotan, al menos, una preocupación por su sociedad, por su entorno. En cambio, los de la bandera de la pasividad, al dejar que la política ocurra, lo que hacen es despreocuparse de sus conciudadanos, participar en la insolidaridad.

Cualquier día, verán que el camión de la basura no ha pasado. Y la corporación municipal dirá una cosa, y otro dirá una cosa sencilla, facilona, simple, casi burlesca… Y será más creíble.

Y luego del camión de la basura será el hecho de que el paro ha subido. Y le echarán la culpa a la corporación regional y llegará otro y dirá algo sobre inmigrantes y la mano de obra y dará una solución sencilla a corto plazo que hará que en poco tiempo todo vuelva a estar igual… Y será más creíble.

Y todo esto no tendría ningún tipo de relevancia porque la ciudadanía puede ser pasiva, pero no es tonta. Lo que sucede es que la economía mundial es compleja y tiene forma de telaraña infinita que todo lo toca. ¿Y cómo explicas que si una persona lleva unas zapatillas Nike es porque hay un tratado comercial entre Estados Unidos (nacionalidad de la marca), China (donde se fabrica la zapatilla de la marca) y España (donde se comercia), que hizo, para bien o para mal, la política?

Cuando uno se da a la pasividad en política, en realidad, lo que consigue es que todo el poder que le rodea se haga más fuerte y su capacidad de ser un individuo libre en una sociedad unida, más pequeña. Y eso es un exabrupto, casi un insulto a algo tan magnífico, tan gigantesco, como un Estado Social y Democrático de Derecho.