“En el texto de Cunillé hallamos un código convencional que hace difícil de encajar a los personajes de Eugène Ionesco”

Última función hoy domingo 11 de diciembre a las 20.30 horas en la Sala La Fundición de Sevilla

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La cantante calva en el McDonald’s retoma varios de los personajes de la obra original de Ionesco, incluida la cantante, que nunca aparece en la obra primigenia. Se reencuentran la señora Smith con el señor Martin, descubrimos que mantienen un romance extraconyugal, una relación que se asemeja demasiado a la de un matrimonio de muchos años, anodino, aburrido, que no tiene más remedio que refugiarse en un restaurante de comida rápida debido a la lluvia. Allí, además de coincidir con la cantante, que resulta ser una exiliada política que huye de Italia, donde están acabando con todos los artistas, también aparece otro personaje de la obra del dramaturgo rumano, el jefe de bomberos, que debe desalojar el local por aviso de bomba.

El teatro del absurdo, igual que el Surrealismo, apareció no con el propósito de hilvanar unas tonterías tras otras, sino como un movimiento necesario para expresar lo más profundo del ser humano, de la sociedad humana, que no puede conectar con el inconsciente de una manera racional. Por eso obras como La cantante calva o La lección, nos permiten descubrir de una manera intelectual, pero sobre todo emocional, instintiva, una crítica necesaria al mundo occidental: los matrimonios que no se conocen mutuamente, las conversaciones inanes que todos mantenemos con extraños y conocidos, el sistema educativo represor e ineficaz… Este tipo de escritura, igual que el Cubismo en pintura, posee sus propias reglas.

Del mismo modo en que Max Estrella aseguraba que España debe ser representada con una estética sistemáticamente deformada, con matemática de espejo cóncavo, los textos de Ionesco parten de una falta de lógica en la que descubrimos una lógica apabullante. Y esto es lo que, lamentablemente, no sucede en La cantante calva en el McDonald’s, pues su autora, con una gran trayectoria llena de éxitos y premios, ha optado por dotar de realismo a las conversaciones, y ese realismo hace difícil de digerir esas situaciones absurdas, que carecen de frescura y de sorpresa.

Si Dalí hubiera pintado cisnes reales en un paisaje real, nunca habrían aparecido elefantes reflejándose en el agua, nunca habría habido magia. En el texto original de Ionesco nos reímos muchísimo, porque crea sus propias reglas de interpretación, un código personal; sin embargo, en el texto de Cunillé hallamos un código convencional que hace difícil de encajar a los personajes de Eugène Ionesco. Además algunos actores resultan sobreactuados (y esto, tal y como yo lo veo, es más un problema de dirección que de interpretación), quizá porque su propuesta trata de ser más absurda que lo que le permite la propia obra.