La crítica de los Oscars, el reproche mundial

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El cine me parece uno de los artes más complejos que existen, a veces me da la impresión de que lo mío consiste en poner una palabra tras la anterior y procurar que entre ambas muevan algo dentro de ustedes, pero el cine conjuga la mirada hacia el mundo, la palabra justa, el gesto concreto, el sonido adecuado, la perspectiva hacia la vida… Ayer fue la gala de los Oscars y, aunque fue tan tarde que no la pude ver, sí me ha dejado algunas reflexiones esta mañana.

De un tiempo a esta parte echaba en falta películas incorrectas, películas que criticaran una forma de pensar estipulada como única, que visibilicen a colectivos marginados… Este año ha sido una alegría y la noche de los Oscars lo ha ratificado.

Andalucía al Día, leonardo di caprio oscar
Leonardo Di Caprio, Oscar al Mejor Actor por ‘El Renacido’. Foto Europa Press

En primer lugar, es sublime que una película sobre periodistas que desafían a un poder establecido gane la estatuílla que certifica que ha sido la mejor película: “Spotlight” (Thomas McCarthy), pero no es menos genial que entre las nominaciones “El renacido” hablara, entre otras cosas, del genocidio indígena en Norteamérica, con un maravillosamente oscarizado DiCaprio; que se hablara del género y del sexo, cosas tan distintas y tan mal explicadas habitualmente, de una forma tan sensible como lo hace el director Tom Hooper en “La chica danesa”, con esa escena del espejo en la que un fabuloso Eddie Redmayne es una mujer y una Alicia Vikander que aún me hace estremecer; que Cate Blanchett sea una mujer con mayúsculas a la que le gustan las mujeres.

Me imagino, por otra parte, a la derecha estadounidense diciendo que ya está bien de meterse con la Iglesia Católica. Puedo ver a un hombre tejano diciendo a sus amigos que ya no hay cine como el de antes, que ya no hay hombres de verdad en la pantalla y que ahora sólo se hacen películas sobre enfermos y tortilleras. Podría escribir sin escuchar el diálogo del lugareño que dice que si el pueblo nativo americano cada vez es menos por algo será. Me son visibles diciendo que en la Gala de los Oscars no es momento para reivindicaciones. Qué bien se llevarían con algún españolito.

El arte no es de derechas ni de izquierdas, el arte es arte en sí mismo, pero si no nos hace pensar, en cualquiera de los tiempos en los que el verbo pensar se conjuga, es menos arte. Soy de los que firman debajo de la inmensa Nina Simone cuando dice que el deber del artista es reflejar el tiempo en el que vive, le duela a quién le duela. El arte ha de seguir desafiando todo lo que se estereotipe como bueno o como malo. Me quito el sombrero ante aquel que dice lo que piensa en una forma artística, llámese Luis Alberto de Cuenca y su neoliberal “political incorrectness”, o llámese Natalia Molina, actriz brillante, en “Techo y comida”.