“La función del reportero de guerra es denunciar la opresión del más débil”

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Andalucía al Día, Mónica García Prieto

La corresponsal de guerra Mónica García Prieto, IX Premio Internacional Julio Anguita Parrado, ha hecho esta mañana una firme defensa del periodismo comprometido con los derechos humanos y la denuncia de la opresión del más débil. En un salón de grados lleno de alumnos, la reportera ha reivindicado la función social del periodista en zona de conflicto y ha lanzado duras críticas contra la prensa convencional por devaluar el trabajo de los corresponsales en áreas de guerra y manipular con frecuencia sus informaciones.

“Las guerras se repiten”, ha sentenciado en una intervención de casi una hora de duración, “porque el ser humano es una mala bestia que termina siempre de la misma manera”. Mónica García Prieto sabe de lo que habla. Después de 20 años de profesión, la periodista ha sido testigo del horror y la brutalidad en los conflictos más sangrientos de las dos últimas décadas: desde Chechenia hasta Siria, desde Afganistán a Irak, donde vivió en primera persona la trágica muerte del periodista cordobés Julio Anguita Parrado, víctima de un misil a las puertas de Bagdad en 2003.

Por ello, reclama prestar una mayor atención a la población civil, víctima principal de la violencia, en lugar de centrar el trabajo periodístico en la línea de frente. “Siempre te piden las fotos del combatiente y esas son invariablemente iguales, pero, claro, tienen más morbo. Mientras tanto, la gente sufre en los campos de concentración, en los hospitales y en la retaguardia”, ha declarado, para luego añadir: “Ante la foto de un combatiente no te sublevas. Ante la del dolor de niños y mujeres sí”. García Prieto ha sido presentada por Ana Alonso, ex jefa de Internacional de El Mundo, y Manuel Torres, director de la Cátedra Unesco de Resolución de Conflictos, organizadora del Seminario Permanente Julio Anguita Parrado.

Su intervención ha estado marcada por un profundo compromiso personal y periodístico y trufada de episodios desgarradores y emotivos de su arriesgada experiencia profesional. Como la que vivió en Homs, una de las ciudades más mortificadas de Siria, donde conoció a una brigada humanitaria que se dedicaba a recoger el cuerpo malherido de personas alcanzadas por los francotiradores. Esta misma gente, que exponía su propia vida, acabó dedicándose a buscar huertos y jardines donde poder enterrar a la cantidad ingente de cadáveres acumulados. “Uno de estos hombres los conservaba en su propia casa, con su familia, ante la imposibilidad de encontrar un sitio mejor”, relató.

Sobre la situación de Siria, epicentro hoy del más enconado conflicto de Oriente Medio, se mostró muy pesimista. Conocedora en detalle del país, al que ha accedido en varias ocasiones como “free lance”, ha responsabilizado al régimen de Bashar el Assad de la deriva descontrolada del conflicto y de la mayor parte de los episodios represivos sobre la población civil. “Si se hubieran tomado tres medidas por la comunidad internacional al inicio de la guerra, quizás se hubiera evitado”, ha reflexionado. García Prieto se refería, por este orden, al decreto de una zona de exclusión aérea cuando el régimen reprimió violentamente las protestas ciudadanas; a la retirada de embajadas extranjeras; y, por último, a la imposición de sanciones contra Damasco.