‘La mala estrella’ de Agustín Tejada nos demuestra que ‘siempre hay un lugar para la esperanza’

'La mala estrella' de Agustín Tejada es como la vida, unos nacen con suerte y otros sin ella, pero siempre hay un pequeño lugar para la esperanza

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La historia que nos cuenta ‘La mala estrella’ de Agustín Tejada es dolorosa. Es dolorosa porque nos toca donde nos toca, donde más nos duele. Justo en el centro de la realidad. Duele porque es real. Porque sabemos que la historia de su protagonista, Mauricio Malporceres, es la historia de nuestros abuelos. A los que les tocó vivir una guerra civil que, en la mayoría de las ocasiones, dividió familias en dos bandos, quisieran o no quisieran pertenecer a él.

Andalucía al Día, La mala estrella de Agustín TejadaMauricio es feliz a ratos. Tal vez como lo somos un poco todos. Vamos saltando de una pequeña alegría a otra, transitando por esta vida y adaptándonos a los que nos toca vivir. Los hay que tienen un poco más de fortuna que otros y el número de sus alegrías supera al de sus tristezas. Pero Mauricio no es de estos. A él la vida le trata con dureza desde el primer momento y eso le hace ser quién es. Lo curte, lo hace fuerte y le permite aprender lo suficiente como para soportar la siguiente trastada que le quiera hacer la vida. Parafraseando a Ortega y Gasset, Mauricio es él y sus circunstancias, ¡pero qué circunstancias!

Es difícil comprender qué se siente en una guerra si nunca has participado en una. Sin embargo, a través de los distintos personajes que Mauricio va encontrando, uno puede hacerse una ligera idea de que cada persona siente de forma muy diferente durante tales conflictos. Algunos se dejan llevar por el miedo o la cobardía y otros se llenan de valentía. Unos pocos incluso desahogan toda la ira y la rabia acumulada durante años. No obstante, lo que queda claro cuando todo acaba, es que todos preferirían no haber participado.

El libro es fantástico por dos razones. Por la historia principal que nos cuenta y por las pequeñas enseñanzas que, casi sin querer, nos van dejando sus protagonistas. La amistad y el amor están presentes durante toda la novela. Mauricio es un hombre criado a la antigua usanza, a los que se les enseño a no mostrar sus sentimientos, pero con un corazón enorme. Un ser noble que ve durante su vida que sus valores le hacen ser ninguneado por los demás y aun así se mantiene fiel a sus creencias.

La descripción del pueblo gitano durante el libro es digno de elogio. Una vez más, recalca las similitudes entre todos los seres humanos, demostrando que todos nos parecemos más de lo que creemos. Las costumbres y cultura calé debería ser un valor añadido a España y la convivencia entre los payos y los gitanos un objetivo común. Puedo uno llegar a comprender la forma de ser de un pueblo nómada, más por obligación que por devoción, al ver la manera en que se los trataba en las ciudades a las que llegaban con sus familias.

‘La mala estrella’ es triste, para que negarlo. La desdicha va aumentando paulatinamente en la vida de Mauricio hasta que uno se ve obligado a dejar escapar alguna lágrima. O quizás a soltarla por dentro como hubiera hecho nuestro protagonista. Porque ‘La mala estrella’ es como la vida, donde unos nacen con suerte y otros sin ella, pero donde siempre hay un pequeño lugar para la esperanza. Y ese es el último regalo que nos ofrece Mauricio, una enorme cucharada de esperanza.