La segunda pandemia

440

Nos estamos cansando ya los ciudadanos de tanto juego sucio y tanta malicia (sería más apropiado decir “mala leche”), aprovechando la pandemia que nos azota para atacar de forma descarada y partidaria al gobierno (y conste que no tomamos posición a favor ni en contra de ningún color). Ya va siendo hora de que todos los políticos arrimen el hombro y se dediquen a cuidar por los intereses de los ciudadanos. Los debates políticos en su momento, en su lugar y con las reglas del juego que rigen en una democracia.

A pesar de todo, voy a seguir siendo fiel a mi autopromesa de no entrar en el rifirrafe sobre el jodido coronavirus, entre otras cosas porque, al no tener ni pajolera idea de virus ni nada que remotamente se les parezca, prefiero no hacer el ridículo, como lo están haciendo muchos que se suponen puestos con nuestros votos para otras cosas.

Los ciudadanos vemos como circulan rumores, bulos, datos falsos, peregrinas acusaciones, intentos de judicializar actos políticos, veladas o no tan veladas amenazas a la democracia… situaciones y acciones que, si son impensables en personas decentes, mucho más asombrosas deberían ser en personajes públicos que se suponen respetuosos con la ley. Cada día los ciudadanos de a pié nos desayunamos con una nueva barbaridad, con declaraciones destempladas, insultos y faltas de respeto que si no deben tener cabida entre gente educada, menos aún entre personajes de la alta política. En dos palabras: nos avergüenza la clase política, si bien es cierto que algunos más que otros.

Un sector de los personajes políticos de nuestro país, parece haber hecho un curso acelerado, posiblemente dictado por Göbbels, para convertir en realidad el axioma del político nazi: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, o como enuncia el dicho popular: “miente que algo queda”. Y no crean que es algo liviano el proceso, al menos a tenor de los resultados: ponen todo su empeño, y medios, en conseguir que las mentiras tengan toda la apariencia de indudable y rotunda verdad.

En todo esto, con el objetivo de derribar un gobierno democrático, no entramos en qué color ni en quiénes son los barreneros, el empeño es máximo. Lo único es que la jugada parece que se está volviendo en contra de los manipuladores y mentirosos porque los ciudadanos nos estamos hartando. Estamos hasta la coronilla (mostraremos más educación que esos pícaros) de que se nos intente manipular, de que se nos pretenda una y otra vez engañar, que se procure crear malestar entre la ciudadanía, de que la incertidumbre sea tarjeta de visita diaria, que en lugar de ser ciudadanos libres se quiera que seamos ciudadanos con miedo, que la desconfianza se instale entre nosotros… En definitiva, estamos hartos de que no se respete nuestra libertad y que esa plebe siga insultando la inteligencia de los ciudadanos y se rían de nosotros. Y todavía más, cuando las maniobras provienen de los que debieran buscar el bienestar de los ciudadanos, a los que por cierto, les pagamos con nuestros impuestos.