La semana del show y la insensatez

Podemos, una vez más, se da a la insensatez parlamentaria. No es el momento de una moción de censura.

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Podemos anuncia la moción de censura. Europa press

Empezamos la semana del show con Podemos diciéndole lo que tiene que hacer a la Cadena Ser, que no hizo caso. Lo dijo bien Gabilondo en El Pais: No estamos en campaña, los medios no tienen obligación de dar un espacio a nadie. Rabietas y deseos de veto aparte, hasta ahí todo normal.

Lo de hoy tiene más calado. Como es normal, Podemos quiere echar a Rajoy de la Moncloa. Hasta ahí nada fuera de lo común, todos menos Ciudadanos tienen un deseo parecido en el diagnóstico, aunque distinto en la receta, pues Podemos ha planteado una moción de censura.

La sucesión de acontecimientos nos lleva a marzo de 2016, cuando se presenta Pedro Sánchez y es rechazado por Podemos. Daba la impresión de que era un “o nosotros o nadie” en el que sólo les faltaban votos para liderar un Gobierno, con la dura casualidad de que esto sea un sine qua non democrático. Querían un Gobierno de cambio y, de paso, ver si en las elecciones de Junio les iba mejor. Les fue peor y Rajoy vio el pasillo libre. Por si fuera poco, a Pedro Sánchez se lo cargan. Susana Díaz provoca la dimisión de la mitad más uno de la ejecutiva, descabeza al PSOE y éste se ve obligado a abstenerse.

Bien podría decirse que, de haber votado a favor de Sánchez, esto no hubiera pasado. También podría decirse que, si Díaz no hubiese hecho de las suyas, hoy habría un Secretario General con solidez sobre el que poner una decisión consensuada. En cualquier caso, ni una cosa ni la otra y, entre tanto, cada vez menos atención mediática para Podemos. 

La insensatez política está en la falta de respeto institucional, otra vez. Una moción de censura no es moco de pavo, más cuando las políticas del Gobierno no están saliendo adelante gracias al bendito equilibrio de poderes que diferencia poder legislativo y poder ejecutivo. Hablaría de que pretender la presidencia del Gobierno siendo tercera fuerza política convertiría este país en un psiquiátrico; también podría decir que, si Iglesias quisiera que fuera el PSOE quien hubiera encabezado esta moción, tendría que haberlo consultado antes de decirlo en rueda de prensa tratando, otra vez, de coger a alguien con el pie cambiado. Por no hablar del hecho de que el PSOE sigue descabezado, por lo que no podría presentar a nadie que estuviese legitimado para ello, el equipo de Iglesias ni siquiera ha tenido el decoro de esperar a que pasen las primarias.

No obstante, Pablo Iglesias no ha presentado candidato, por lo que todo lo anterior carece de sentido. La virtud de la moción de censura es que es constructiva, es decir, exige que haya una candidatura a la presidencia. Y no la hay, una vez más. No hay un plan, no hay una estrategia, no hay un punto sobre el cual poner la primera piedra salvo la destrucción de Rajoy. Lo único que hay es insensatez.

La segunda razón por la que esto está mal es porque si, finalmente, la insensatez de presentar ahora una moción de censura se convierte en realidad, ésta no va a salir adelante e Iglesias tendría que dimitir. El líder de Podemos es un hombre tan variable como válido y, a pesar de los continuos y merecidos reproches que suscita, gente como él hacen falta en el Congreso, el sitio donde trabaja, aunque no lo quiera reconocer.

Entre tanto, Rajoy…

Rajoy habrá recibido la noticia en alguna parte del mundo. Seguramente en bata, con zapatillas de andar por casa y un diario deportivo apoltronado bajo la axila. Mientras Televisión Española relataba el suceso, él habrá levantado los ojos por encima del periódico, mirado de reojo la rueda de prensa y, para celebrarlo, se habrá encendido un purazo. “Otro circo de la izquierda, Soraya…”