La serie “Narcos” y el PP

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Era 2012 cuando Andrés del Castillo, colombiano a un lado de sus genes y sirio al otro, dio un coloquio en Madrid. En ese contexto dijo algo verdaderamente impactante: “Ustedes -se refería a los españoles- al menos, no están en guerra.” Había manifestaciones por todas partes durante esa época en Madrid, le recuerdo ofreciendo chocolate, “para aliviar las tensiones del día”. Por aquella época estaba yo descubriendo a García Márquez, resulta que Andrés es natural de una localidad vecina de Aracataca, nombre real del Macondo de “Cien años de soledad”, ¿Quién me iría a decir que en Madrid conocería a un tipo pariente del Sitio Moisés, personaje de “El coronel no tiene quién le escriba”? Andrés es una persona de esas, un maestro de la hipnosis cuando habla, y la situación en que nos conocimos parecía sacada de un cuento de los doce peregrinos. Hoy, tres años y medio después de aquellos días, he visto la primera temporada de “Narcos”, serie estadounidense que cuenta la tremenda crisis sufrida por Colombia frente del narco-terrorismo y, por supuesto, le pregunté: “pero, ¿esto es real?”, “la mayor parte, sí”, me dice.

No sé si la han visto, la serie es plenamente recomendable, ¿recuerdan aquella escena de “El Padrino” en la que Don Corleone decide no entrar al tráfico de narcóticos? Pues es justo ahí donde empieza “Narcos”, cuando Pablo Escobar acepta traficar con cocaína y llevarla a Estados Unidos. Además, la pareja de policías que le persigue ya es de esas parejas míticas de la pantalla.

Toda esta reflexión viene al caso de que Colombia, efectivamente, tenía Gobierno, con ejército, con leyes, con Cámaras Legislativas y Pablo Escobar era un monstruo inaprensivo que hoy tiene su lugar negro en la historia, alguien a quién no podemos comparar con nadie, un demonio. A un Gobierno que hubiera podido ser estable, Pablo Escobar lo desestabilizó a base de hacer el mal. Por supuesto, esto no es más que un ejemplo, ya les digo que Pablo Escobar no es alguien que se pueda asemejar a nadie.

Si lo traigo a España, un Estado mucho más asegurado y asentado que aquella Colombia, veo que no tenemos que temerle a que nos falte un Gobierno. Hoy estamos bien por ese lado, aunque la economía falle y la democracia sea mejorable, tenemos un Estado fuerte precisamente por el hobbesianismo de esta Constitución. No tengo prisa por un Gobierno, ni su estabilidad me quita el sueño, tampoco me preocupa ir a las urnas diez veces. Me preocupa, en las antípodas de esto, que cualquiera se lance a hacer actos que desestabilicen, pero, hoy en día, eso sólo puede hacerlo alguien con mucho poder, es decir, no es la inmensa mayoría de la población la que debe preocuparnos, sino la élite que, en realidad, tiene la estabilidad en sus manos. Y me cabrea, hasta mis profundidades, que los únicos que pueden provocar inestabilidad la pongan en la espalda de la multitud que nada puede hacer al respecto.

Hay un dicho en el Caribe del que viene Andrés que tiene una magia ancestral en su dicción. Los españoles recién llegados a las Américas engañaban a los nativos con espejos, haciéndoles creer que aquellos reflejos eran de magia, y los cambiaban por oro. Es de ahí que viene la expresión latinoamericana “no me venga con espejitos”, la cual repito en este momento: la mejor receta para la estabilidad no es que haya un Gobierno, es que la ciudadanía sea cívica, así que no nos vengan con espejitos, señores del PP, ¿Quieren estabilidad? Pues no desestabilicen: Llevamos cuatro detenciones en dos semanas, hagan el favor de comportarse.