La sorpresa de la normalidad parlamentaria

Junqueras hizo lo que vino a hacer; Rivera también. La sorpresa es la propia normalidad.

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Junqueras saluda a Sánchez mientas Abascal les da la espalda. Europa Press.

Si bien Juego de Tronos se ha acabado en las plataformas digitales, en nuestra televisión comienza una nueva legislatura. En ambos culebrones ha habido muestras de desacuerdo sobre el resultado de uno y el comienzo de la otra. Jon y Daenerys; Rivera y Junqueras. El destino ha hecho que sendas historias de amor sean paralelas en el tiempo.

La sorpresa en Juego de Tronos no debe comentarse por miedo al destripe. Sencillamente diremos que la sorpresa que todo el mundo esperaba no se ha dado. La razón ha sido sencilla: cada cual quería lo suyo. En cambio, en el Congreso, la sorpresa ha sido que todo seguía igual. Hay quien vive en un oxímoron perpetuo: “esperar una sorpresa” en Juego de Tronos; “sorprenderse de la normalidad” en el Congreso.

¿Quién lo iba a decir?

Se esperaba que los Diputados en prisión preventiva hicieran lo suyo. Por lógica, se esperaba que Vox, PP y Ciudadanos reaccionasen haciendo -como no puede ser de otra manera- lo de ellos. ¿Quién nos iba a decir que un partido como Vox iba a impedir hablar a alguien con quien no está de acuerdo? Y como en cuestión de ser más que nadie Podemos siempre sale a competir, Iglesias se sumó a la fiesta.

La Presidenta del Congreso también tuvo que verlo hace días, así que buscó la jurisprudencia necesaria, que certifica que uno puede hacer el tonto como quiera, ya sea en el nombre una República que no existe o en el de una España con bigote. “Y juro por tal”; “y prometo por cual”; “…y defender el derecho del fandom a quejarse por tonterías”. Allá cada cual.

Así que sorpresa, lo que se dice sorpresa, ninguna. Por un lado, Junqueras no quiere enterarse de los cargos de los que se le acusa y así lo hizo saber. Por otro, Rivera sigue haciendo gala de un discurso que se basa en dos cosas: la obviedad y la tautología, y en este caso optó por lo primero. “España es una democracia”, dijo. Menos mal, la ciudadanía pensaba que las urnas, el Congreso y la burocracia a la hora de pedir el voto por correo era un ritual de paso, como la comunión o las bodas.