La verdad sobre el Premio Cervantes

Mendoza gana el Premio Cervantes por su genio, y su prosa, y su narrativa ("y tal y cual", como él mismo escribiría en Las aventuras del tocador de señoras)

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Eduardo Mendoza, Premio Cervantes. Europa Press

Mendoza gana el Premio Cervantes por su genio, y su prosa, y su narrativa (“y tal y cual”, como él mismo escribiría en Las aventuras del tocador de señoras). Cuando se da un Cervantes es, normalmente, poco discutible. Lo que sí que es discutible es el cómo se reacciona.

No nos queremos, no nos queremos nada. Bueno, nos queremos en el fútbol y de vez en cuando en el baloncesto, de una forma residual cuando Nadal gana. Pero ellos (siempre son ellos) representan sólo una parte de lo que queremos ser; gente con cierto matiz heróico en su forma de actuar, que corra, salte o chute un balón manque sea con falta de debilidad (nos conformamos con poco). Lo que sucede es que luego hay otra gente que hace otras cosas que en vez de salir de unas cualidades físicas nacen de unas cualidades mentales que a menudo desaprovechamos o son causa de burla: El cerebrito es el cerebrito y los chistes que la españolidad hace sobre sí misma se nutren de gente aprovechada, de poca inteligencia o con una reacción poco propicia.

Poniéndolo en claro, ¿es descabellado decir que lo más famoso que a la postre hizo Ortega y Gasset fue inspirar la frase “hay gente pa to”? ¿Es, acaso, un buen ejemplo exponer que la frase nace de que a Joselito “el gallo” le presentaron al filósofo y cuando le dijeron su oficio él pronunció aquello? “¿Filo qué?”, dijo el bicho.

Pues a Mendoza le han dado el Cervantes y ha tenido treinta segundos en el telediario de Antena Tres. Antes de eso ha sido noticia que Jennifer Lawrence (artista maravillosa procedente de Estados Unidos) viene a presentar una película que, todo sea dicho, tiene un hedor a mediocridad que levantaría a un muerto.

No nos queremos. Esto en otra parte es motivo de ceremonia, se anuncia con el Presidente del Gobierno o el Ministro de Cultura de por medio y es motivo de felicitación institucional por parte de la mitad de cualquier puñetero país. Lo que pasa es que, para puñeteros, nosotros. Cuando se entregan, se homenajea, un jolgorio y un pitoste como para que se enteren en Marte; aquí somos discretos, como si nos diera vergüenza nos encerramos en el precioso Rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares por si nos descubriese alguien rindiendo honores a un escritorzuelo.

Luego, en el bar, diremos que hacen falta intelectuales y la de Dios es Cristo. ¡No te jode! ¡Si intelectuales hay de sobra! Somos un país bendecido, si hay algún país en el mundo con un talento cultural como el nuestro que me lo digan, lo que sucede es que no nos da la gana de que el patrimonio seamos nosotros y nosotras. Intelectuales nos sobran, pero no les hacemos ni puto caso, y con perdón.

Cierto matiz heróico, decía de los futbolistas (y algunos baloncestistas). ¿Qué matiz heróico, si el héroe mítico de nuestra edad media (el Cid) también fue expulsado de la Corte?

Felicidades a Don Eduardo. A quiénes le descubran ahora, bienvenidos y bienvenidas, es un genio, un tipo cuya prosa es incomparable por su ironía, su gracia y su vocación festiva de la literatura. Sobre todo su ironía, su manía terca de contar cosas serias como si fuesen una broma de mal gusto… Eso me recuerda al propio Cervantes, que con una sorna que envidio dijo “cada cual es como Dios le hizo, incluso peor, algunas veces”. Mendoza tiene muchas de esas en El misterio de la cripta embrujada, Las aventuras del tocador de señoras, La verdad sobre el caso Savolta…

Disfrútenlo y celebren que este hombre ingenioso con talento oceánico es, entre otras cosas, de su mismo país.