La vida

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Dicen que un periódico es una nación hablándose a sí misma, pero aquí siempre hemos sido más de mirar las fotos. Quizá por eso el Marca es la cabecera más ‘leída’ en España, o quizá por eso la prensa política solo acapara la atención cotidiana de uno de cada diez españoles. Frente a esta visión ‘idealista’ de nuestro trabajo, yo siempre he preferido la idea del diario como un proyecto intelectual. Se trata de una definición perfecta, pues está hecha por intelectuales, al igual que el propio periódico.

Admitámoslo de una vez: los periodistas solo hablamos con nosotros mismos, y ocasionalmente con otros periodistas a través de Twitter. En nuestra conversación endogámica nos erigimos en portavoces del pueblo, cuando no de la verdad… pero ni la prensa es democrática ni puede ser objetiva, porque el periodismo es todo lo contrario. Admitir que lo único que representamos es un papel de mediadores entre lo real y lo leído y que la objetividad supone una búsqueda tan honesta como infructuosa debe ser el primer paso para entender dónde está nuestro lugar en la vida.

Si España todavía existe, si es que alguna vez ha existido, no suele salir en los periódicos. Esteban Urreiztieta, Enric Juliana o Juan Manuel de Prada distan mucho de ser los referentes de la sociedad y hasta me atrevería a afirmar que la política no es el único tema de conversación, aunque sí el más amargo. ¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos viviendo en una gran mentira, la nuestra?

Es cierto que la aspiración de todo Estado democrático debe ser proveer a los individuos de los elementos de juicio suficientes para que puedan ejercer plenamente su ciudadanía. Suena bien, sí, y no tendríamos que renunciar a ello, pero mientras tanto debemos ser honestos con la realidad en la que vivimos y con nosotros mismos. En una televisión obscenamente dividida entre telebasura y telebasura política, quizá haya llegado la hora de que los periodistas, los que se han rebajado y los que nos creemos en la cima, desaparezcamos por un momento de la pantalla. Una vez a la semana, no pido más.

En nuestro lugar, y sin mediación alguna, aparecería España, esta sí, sincera y descarnada. Lo haría a través de los verdaderos referentes de la Nación, a los que incluso podríamos seleccionar por sorteo desde una lista con los personajes más populares en diferentes ámbitos. ¿Quién no mataría por ver juntos a Farruquito, Mireia Belmote y Eduardo Punset? ¿O a José Bono, Chiquito de la Calzada y Sabina? ¿Y qué me decís de Florentino Pérez, José Tomás y Rouco Varela? Sin presentador, sin guion y con luces de bohemia. Se abre el telón, que toca hablar sobre la vida.