La vigencia humeante de Ricardo III

El pasado jueves se estrenó en el Teatro Español "Ricardo III", con versión de Yolanda Pallín, dirección de Eduardo Vasco y papel protagonista de Arturo Querejeta.

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Arturo Querejeta en el papel de Ricardo III. Foto oficial.

Ricardo III no es un malo cualquiera. Su maldad no tiene ningún objetivo más allá de ser malo y perverso, no tiene fin ni justificación ni él tiene por qué buscarla. Es, sencillamente, malo. Además, en una superficialidad correspondiente a su tiempo, Shakespeare lo joroba, lo afea, lo maltrata físicamente para corresponder su aspecto desvirtuado con la falta de virtud de sus acciones.

Acaba una cruenta guerra civil en la que se hacen unas paces convenidas y algo tristes entre dos familias aspirantes al trono, en ese momento en el que “los desfiles militares parecen bailes de salón” (versión de Pallín), Ricardo decide ser malo: Llegar a ser rey matando a todo lo que se le ponga por delante y urdiendo los planes más infames contra aquellos que se pongan en su camino para que, si no los mata él, se acaben muriendo ellos a manos de otro.

Luego de Ricardo III vino Joffrey el de Juego de Tronos, pequeño engendro que es malo por la simple ambición de ser Rey; Ricardo no necesita de esos motivos (¿para qué?) él simplemente se aburre, se inquieta de que todo esté en calma y decide romper la tranquilidad como un simple entretenimiento.

La vigencia de la obra de Shakespeare está en que sigue habiendo gente con una maldad opulenta capaz de proceder de la forma más vil y cruel. Luego podríamos hablar de política, pero creo que Shakespeare en Ricardo III nos habla de algo más importante que todo aquello que compone la política, la obra es un tratado pesimista sobre la condición humana y la incapacidad para amar que pueden llegar a tener ciertos seres humanos.

Por eso sigue humeante y tremebunda y la vemos a menudo en el telediario no cuando dimite la mitad más uno de la ejecutiva del PSOE (eso podría corresponder a un Lord Rivers, un tipo de índole cobarde que se arrima donde el fuego es más acogedor); sino cuando hay un asesinato sin motivos aparentes o la traición no es más que un alimento.

Tienen la obra en el magnífico Teatro Español, en la Calle del Príncipe de Madrid, estuvieron en  Sevilla allá por octubre. Querejeta está sublime, poderoso en la escena, es un Ricardo como les digo, asqueroso. La dramaturgia es muy buena y Yolanda Pallín acierta de pleno en su interpretación del clásico.

Es, en definitiva, un espectáculo imprescindible y una lectura gigante que no cabe sino recomendar, no sólo para guardarse de las maldades, sino para aprender a discernirlas.

Ficha artística

Dirección
Eduardo Vasco
Reparto
Ricardo Arturo Querejeta
Margarita / Duquesa Charo Amador
Buckingham Fernando Sendino
Isabel Isabel Rodes
Clarence / Stanley Rafael Ortíz
Ana / Duque de York Cristina Adúa
Hastings / Richmond Antonio de Cos
Asesino / Principe de Gales / Ratcliff José Luis Massó
Asesino / Rey Eduardo / Catesby José Vicente Ramos
Pianista / Grey / Sacerdote / Tirrel Jorge Bedoya
Brakenbury / Rivers / Alcalde Guillermo Serrano
Ficha artística
Ayudante de dirección Fran Guinot / Daniel Santos
Fotografía Chicho
Música Janácek/Vasco
Iluminación Miguel Ángel Camacho
Escenografía Carolina González
Vestuario Lorenzo Caprile

Versión Yolanda Pallín

Comunicación Josi Cortes
Producción y distribución Miguel Ángel Alcántara

Una Producción de Noviembre Compañía de Teatro