A lágrima viva en ‘Un monstruo viene a verme’

La última creación de Bayona vuelve a la temática sobrenatural desde 'El Orfanato' para combinarlo con el sufrimiento humano de 'Lo Imposible'

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Andalucía al Día, Un monstruo viene a verme

A las 00:07 de la noche, un chico de unos 10 años llamado Conor – Lewis MacDougall – empieza a recibir visitas de un árbol humanoide gigante – Liam Nesson –, el cuál le contará tres historias. Al finalizarlas, Conor deberá contarle una a él que sea verdad. La historia con la que sueña cada noche y le impide dormir. Su verdad… o morirá. Un chaval que no solo tiene que lidiar con estas visitas, sino con el matón de su colegio cada día que le hace bullying, su madre enferma – Felicity Jones – y su abuela cascarrabias – Sigourney Weaver. Tal y como dice el inicio la película, “un chico demasiado adulto para ser un niño, y demasiado pequeño para ser un adulto.” Hasta aquí, eliminando al monstruo, suena a una historia que es bien conocida en mil películas. Pero es precisamente el monstruo lo que ofrece una perspectiva fresca y diferente a todo. Es un verdadero ejemplo de que lo importante no es llegar a la meta, sino el recorrido.

A muchas personas les cuesta olvidar una película como fue ‘El laberinto del fauno’. La historia de esa joven chiquilla que se ve forzada a vivir en un mundo en guerra y cruel, de el que escapa con sus cuentos de hadas. El caso de ‘Un monstruo viene a verme’ estamos ante la adaptación cinematográfica del cuento de Patrick Ness, parecido a lo que hizo Tom Hanks con ‘Donde viven los monstruos’ de Maurice Sendak por hacer referencia a cine más actual. Y es que no hay mejor forma para explicar los problemas de un niño que fusionando la realidad y la fantasía.

Tanto en la historia del cine de terror, como en la literatura más clásica – desde Washintong Irving, Lewis, hasta Lovecraft o Stoker – las criaturas de pesadilla siempre son algo muchísimo más complejo que aquello que da miedo. Me refiero a las buenas historias, claro. Existen historias en las que el monstruo es solo una justificación para aterrar, vacía e insípida. Luego tenemos a fantasmas que no son villanos, sino salvadores en ‘La cumbre Escarlata’. Vampiros que tienen el alma maldita por un amor perdido y el corazón destrozado en ‘Drácula’, o que se plantean el significado de la existencia, Dios y el arte en las novelas de Anne Rice – conocida por ‘Entrevista con el vampiro’. Brujos que tienen a goblins a sus órdenes y secuestran niños en ‘El laberinto’, pero al final tienen miedo a la soledad… El monstruo, la fantasía, se debe convertir en una proyección tangible de los horrores y vergüenzas humanas: la ira, la muerte, la perversión, la envidia, la locura, el desamor. Esto es lo que hace de las historias con monstruos algo memorable.

En ‘Un monstruo viene a verme’ tenemos a esta creación ideal bien narrada, donde el terror no habita tanto en la criatura como en el corazón del protagonista que sufre la historia. Ya no solo en el personaje ficticio, sino en cada uno de nosotros. Un relato que si bien comienza a pasos pequeños con cosas que ya conocemos, conforme va avanzando la angustia toma el control del espectador de forma creciente y sin pausa hasta su finalización. No recuerdo otra producción a esta escala en la que la tristeza que se vive sea tan real como con ‘La Pasíon’ de Mel Gibson. Ya no solo es la magnífica y sincera actuación de todos, en especial Lewis MacDougall que arrasa en cada una de sus escenas con su mirada, es la combinación de la fotografía, el imaginativo trabajo de Bayona tras las cámaras, la música latente y esos cuentos en acuarela que se intercalan durante la trama. Una película memorable, que no creo que caiga en el olvido con facilidad. A todos nos gustan los monstruos más de lo que creemos, y mucho más cuando nos da una lección de humildad o nos abren los ojos. Porque a veces hace falta un monstruo para decirnos las cosas que no queremos oír, ver o afrontar con otros humanos.