La humanidad del Papa Francisco

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Andalucía al Día, Papa Francisco
Foto Europa Press

Creo que hay dos Iglesias Católicas, hasta en esto hay clases, una es de la gente, de la comunidad católica tan apreciable como cualquier otra, la otra es la Iglesia como Institución. En el medio, el Papa Francisco intenta que ambas sean la misma cosa, pero ese es un trabajo que durará más de un voluntarioso papado.

El hecho de haber nacido fuera de la cárcel de oro occidental parece haberle dado una humanidad propia de un ser humano (permítanme el pleonasmo), de la cual parecían escaparse muchos de sus predecesores, quizás por eso ayer proclamaba que Judas entregó a Cristo por treinta monedas de plata, pero que esas treinta monedas las procuró alguien que también es culpable. Con esto se refería a los atentados en Bélgica, sí, ha habido culpables del acto terrorista, pero hay quién vende armas y estos están en los instituciones gubernamentales. Ellos también tienen parte de culpa de las muertes que Daesh está causando en Europa y el Mediterráneo y deberían marcarse en el alma que hoy el pragmatismo nos lleva a que la menos mala de las soluciones sea una guerra indeseable.

Las dos Iglesias caminan a menudo por separado, la institución vive en los despachos y sale cuando hay que salir. El protocolo marca que tal día hay que estar con tal gente y, simplemente, se está. En cambio, la comunidad católica hace lo mejor que puede para cumplir con la máxima de que hay que amar al prójimo, desde luego, agnóstico de mi, nuestros debates tenemos acerca de cómo hay que amar, siempre fueron ahí las trifulcas, pero a la hora de la verdad, sus manos son las que sirven en los comedores sociales. El Papa Francisco ha demostrado que está más por lo segundo que por lo primero y la teoría mística de la que cardenales y obispos hablan en sus despachos, él la lleva a la calle. Mientras la Institución esconde sus vergüenzas, él ha condenado numerosas veces las malas acciones de su Iglesia de la mejor manera que podía: llevando a quien tenía que llevar a los tribunales pertinentes; mientras la Institución habla de misericordia, el Papa declara el Xacobeo en honor a ésta y no deja pasar ocasión para pedir ayuda para los refugiados; mientras los Obispos dan la paz en misa, él ejerce su liderazgo llevando la paz a donde pueda llevarla, por ejemplo, mediando entre Cuba y Estados Unidos; mientras los Obispos hacen declaraciones en posesión de una verdad absoluta que nadie les ha dado, él declara “¿Quién soy yo para juzgar?” cuando se le pregunta por la homosexualidad. El Papa es, en definitiva, uno más en el rebaño que sabe que el verdadero pastor es otro y ha abandonado esa posición dogmática e inmovilista que tanto rechazo ha causado.

Quizás los hubo más sabios, pero este Papa ha pasado de dar lecciones morales sobre la vida a luchar por los Derechos Humanos, todo esto procurando no meterse en la vida de la gente, dando al catolicismo la libertad que naturalmente le corresponde y actualizando permanentemente su dogma, y eso está llevando su influencia más allá del catolicismo: Su liderazgo no está haciendo mejor a la comunidad católica, que también, está dejando un mundo mejor, y ante eso me quito el sombrero.