Landero nos regala un antihéroe de inspiración cervantina que nos conquistará el corazón

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Andalucía al Día, Luis Landero
Foto Rocío Parrilla

Luis Landero nos trae La vida negociable, editada por Tusquets. La vida de un pícaro moderno, llamado Hugo Bayo, que nos recuerda indudablemente a los clásicos personajes de la literatura española pero con un agradable toque de actualidad. Un protagonista chantajista, corrupto y estafador pero que no deja de ser alguien que busca su sitio en la sociedad, luchando con todas las herramientas que tiene a su alcance. “Habría que poner a prueba a la gente”, dice Landero, “yo estoy convencido de que hay mucha gente que no es corrompible pero habrá mucha que sí. El problema no es que exista la corrupción, es que es una situación que estamos normalizando.”

El amor está presente durante toda la novela en todas las formas posibles. Matrimonios que se aman, parejas infieles, relaciones de amistad, el deseo más primitivo e incluso el amor romántico clásico que acaba tornándose en obsesivo. “Para mí la fidelidad es muy importante en el amor pero quizás el amor eterno sólo dure dos o tres años”, dice sonriéndose el autor.

Uno de los pasajes que más hacen reflexionar durante el libro es aquel en el que el padre de Hugo se sacrifica por su hijo y asume una culpa que no le corresponde. ”Por mis hijos yo creo que lo haría. Por un hijo se da la vida.” Aunque posteriormente Landero puntualiza: “Probablemente, si se merecen ir a la cárcel, que vayan ellos.”

“El destino lo tenemos que escribir nosotros. El pensar que lo está es reaccionario”, dice el novelista cuando se le pregunta sobre él. “El destino y la libertad son nuestras y nos la tenemos que ganar.” Por eso sorprende que Hugo parezca predestinado a trabajar de peluquero durante toda su vida. “Es verdad que Hugo parece atrapado en su destino pero él lucha e intenta salir. Los que fracasan son los que nunca intentan cumplir los sueños en esta vida. Nunca llamaríamos fracasado a don Quijote; él siempre lo intenta.”

Hugo, en ocasiones, se ve invadido por el ansía de conocimiento e intenta aprender sobre todas las materias posibles en su obsesión por convertirse en alguien importante. Pero nunca encuentra aquello que lo acabe de convencer. Luis Landero podría haberle ayudado a encontrar su verdadera vocación, pues lleva años ejerciendo como profesor. Sin embargo, nos explica: “Me arrepiento de haber estudiado Filología Hispánica. Me hubiera gustado ser un naturalista como Darwin. Yo lo admiro profundamente porque viajo por todo el mundo describiendo toda la naturaleza y escribiendo. Él es un poco como mi héroe.”

Es esta obsesión del protagonista por llegar a ser alguien uno de sus mayores problemas, pues se cree poseedor de unas cualidades especiales innatas que todavía están por descubrirse. “Todos sospechamos que dentro de nosotros hay cosas que valen mucho. Y es verdad. Yo siempre se lo he dicho a mis alumnos. Todos tenemos algo especial pero hay que trabajar para sacarlo a la luz.”

“Cuento lo que veo. Creo un personaje y lo pongo a actuar. Conoce el amor, el bien, el mal, la vida. No sabría encasillar la novela en algún género.”, dice Landero. “La novela es tuya mientras la escribes luego la novela es del lector. Cada uno tendrá una interpretación distinta.” Y es aquí donde reside toda la fuerza de La vida negociable; en que realmente es muy difícil de encasillar pero muy fácil disfrutarla. Plagada de humor y tristeza a partes iguales, Landero crea una historia de superación personal conquistada por las derrotas. Y nos regala un antihéroe de inspiración cervantina que, al igual que el caballero manchego, nos conquistará el corazón.