La novia, entre las preseleccionadas para los Óscars

La novia será acompañada por "El Olivo" y "Julieta"

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Álex García e Inma Cuesta en un fotograma de La Novia, foto de Europa Press

¿Le extraña a alguien? Techo y comida es un auténtico peliculón con una Natalia de Molina (ay, Natalia, qué manera de zamparse la pantalla) magnífica, pero… Es que en el guión de La Novia participa, de alguna forma, Federico García Lorca. Le acompañarán la almodovariana Julieta y El olivo, de Icíar Bollaín. Lorquiano de mi, voy con La novia, que me perdone Almodóvar.

Este puede ser el año, de un tiempo a esta parte la europeceidad, llamémoslo así, es lo único visible en la gran pantalla. Estados Unidos apuesta por las series de televisión y por los súper-héroes, es decir, Estados Unidos apuesta por el dinero. Sucede como con el baloncesto: Tú ves jugar a Parker (francés) y a Gasol y dices: ¡Oh, baloncesto!; pero el poderío está al otro lado del Atlántico. El arte, últimamente, va por otro lado. ¿Se acuerdan cuando no sabíamos cuáles iban a ser las películas nominadas a los Óscars? Parece que eso es historia. Sí, claro, diez películas buenas al año hay, pero es que son dos cientos cincuenta millones de personas, nos ha jodío. Al contrario, en Europa estamos de otra manera: sobra talento y ganas de apostar, faltan jureles y apoyo institucional.

Y es precisamente eso lo que lleva La Novia por bandera: Esa europeceidad. Es muy diferente, es una película hecha en pos del arte, al calor del amor tanto al cine como a la poesía. Las imágenes evocadoras de la luna y los cristales; la relación de las anteriores con la muerte de plata desata todas las pasiones lorquianas y, por lo tanto, triunfa. Lean, por ejemplo, aquello de “verde que te quiero verde” y luego miren la película: Se darán cuenta de la relación que guardan en cuanto a simbología: La luna, la plata y los cristales como símbolos de la muerte y, a su vez, evocando una hermosura en la que están los cimientos de la obra. Todo esa poesía está en la película. Del mismo modo que Bertolucci recita poemas en El último emperador (1987)  a través de unas cortinas enormes y un niño muy pequeño; como lo hace Sorrentino en La grande bellezza (2013) en un hombre que tiene de todo sin tener nada y, a través de la muerte, descubre la vida.

Además de todo esto, está la oscurísima mirada de una Inma Cuesta impagable. En el teatro clásico hay una regla para saber si está bien o no: ¿Recita con naturalidad? Escuchar a Inma Cuesta decir aquello de: “que si matarte pudiera/ yo te haría una mortaja/ con los filos de violetas” es una de las escenas más “carnegallinistas” de la historia de nuestro cine. Con esa naturalidad con la que dota Paula Ortiz a toda la cinta, con esa pureza de tener el vestido rasgado… Todo es de plata.

Sí, este puede ser el año (de nuestro reconocimiento, el talento venía de antes).