“Las dependientas es una queja contra las exigencias rotundas que nuestra sociedad impone a las mujeres”

La obra 'Las dependientas' es un montaje de Teatro a Pelo producido por La Ejecutora e interpretado por Beatriz Arjona, Verónica Morales, Tatiana Sánchez Garland y Celia Vioque bajo la dirección de Fran Pérez Román.

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Con el teatro contemporáneo tengo un pequeño conflicto, o no sé si el conflicto lo tiene el propio teatro, demasiado preocupado por innovar y renovar en los códigos, por no sonar a ya visto, por parecer rompedor. Y sí, es totalmente lícita esa preocupación por ser fiel a nuestra propia modernidad, pero a veces me da la sensación de que nos perdemos en ella y corremos el riesgo de no sorprender. Me explico, Las dependientas es sin duda un espectáculo digno puesto en pie por profesionales de prestigio y de larga trayectoria. Sin duda. Vienen avalados por premios también de prestigio. En ningún momento tienes la sensación de que te estén tomando el pelo. Pero en el teatro actual lo sensorial es un pilar fundamental, y lo sensorial no es racional (o no del todo), sino más bien instintivo, y como todo instinto, te llega o no te llega, te transmite y te atraviesa, o te deja más bien indiferente. Y me temo que yo, personalmente, me deslicé más bien hacia el segundo caso.

La sinopsis es la siguiente: cuatro dependientas, después de un duro día de trabajo, pasan el tiempo, probablemente la noche, ordenando la sección de moda de unos grandes almacenes. Están cansadas, pero quieren demostrarse a sí mismas que son resistentes, que, como ellas mismas insisten, siempre se puede más. Pero de pronto encuentran el cuerpo sin vida de la encargada, que ya no podía más, y se revelan las verdaderas preocupaciones de los personajes.

Es un relato feminista y estamos muy necesitados de feminismo en los tiempos que corren. Sin embargo, me cuesta conectar la propuesta del espectáculo y la realidad que denuncia. En el espectáculo se abunda en la intensidad y en la verdad, las actrices no fingen cansarse, se cansan; las actrices no fingen beber, beben; y lo hacen todo con un punto de exageración que a mí me saca de la obra.

¿Cuál es la crítica exacta del espectáculo? Es una queja contra el capitalismo, contra la sociedad machista, contra el consumismo, contra las exigencias rotundas que nuestra sociedad impone a las mujeres, como la de estar guapa y perfecta en todo momento. Pero quizá sea ahí donde me pierdo porque, si es una crítica a las imposiciones con que sutilmente torturamos a las mujeres, me parece genial, pero si es una crítica contra el capitalismo, me parece que esa intensidad de la que hablábamos les traiciona: cuesta creer que en nuestros días alguien muera en unos grandes almacenes víctima de la explotación. Ahí tenemos las fábricas de trabajo esclavo en el tercer mundo, de la que se hizo eco el reality show Sweatshop. La situación de esas mujeres y hombres nada tiene que ver con la rutina casi privilegiada de que gozamos en occidente. ¿No están más esclavizados nuestros autónomos, por ejemplo, que nuestros trabajadores por cuenta ajena? ¿No sería mayor reivindicación el salario de las dependientas de nuestro país que su jornada laboral?

Sea como sea, Las dependientas es un espectáculo en el que todo es correcto: la dirección, las actrices, la escenografía, la iluminación, incluso el texto. Trata de mantener un difícil equilibrio entre el realismo y lo conceptual, entre lo sensorial y lo intelectual, y ahí cada espectador tendrá que decantarse.