La falacia y Cuba

Una vez más, el debate es "Cuba: blanco o negro"

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Raúl Castro, presidente de Cuba, en un mitin. Europa Press

Vivimos tiempos falaces. Hoy la política y el pensamiento (ambos fugaces), nos parecen situar entre dos dicotomías como si los puentes no se hubieran inventado jamás o no existiesen los aviones. Una vez más, el debate es “Cuba: blanco o negro”.

La falacia de tener que decidir entre no pasar hambre y tener derecho a decir que se está hambriento, esa rebelión anti-intelectual que pone de papeletas una blanca y otra negra, va a dejar una tragedia el día de las elecciones (las cuales, por lo general, se deciden antes y necesitan de cuatro años de reflexión que, casi por ironía constitucional, se queda en un día).

La falacia de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio tiene mucha calidad, pero sigue siendo una falacia. No vivimos en una democracia ciento por ciento real, pero creo asumible poder decir que lo que tenemos se parece mucho y que pensamos a menudo en cómo hacer que se parezca más: Podemos mover el sistema económico aunque sea decimalmente, esto no sucede en Cuba.

La falacia de no decir que Estados Unidos existe me parece ruin. La de olvidar que antes que Castro estaba Baptista y que éste destrozó Cuba aún más que el comunismo castrista me parece un signo de conformismo ideológico o reflexivo. Entre ambos, en una asociación que convirtió Habana en el puticlub más caro de Miami, quitaron al pueblo de Cuba todo lo quitable, y eso que lo quitable era poco. Castro, por aquel entonces un héroe casi romántico, es más que probable que llevase razón, lo malo vino luego.

Fidel Castro en la ONU
Fidel Castro en la ONU

No me parece falaz, pero sí me parece interesante hacer un recuento de cuántas personas esconden en facebook su nombre para poder escribir sus opiniones en libertad, de forma que no la vean los propietarios del sitio donde trabaje. Sería interesante sacar la proporción de cuántos de los anteriores afirman vivir en un sitio con libertad social de expresión. Y digo social a posta pues, mientras la anterior está reconocida constitucionalmente, la libertad de empresa da derecho a contratar a quién uno quiera y demostrar que a uno o una (sobre todo una) se le ha faltado al derecho a expresarse es harto complicado.

La realidad es que Fidel Castro ha puesto a Cuba como uno de los países más alfabetizados del mundo, lo dice la ONU, no yo. La parte buena de este dato es que si se pone una urna de por medio es bastante probable de que los cubanos digan no al neoliberalismo ellos solitos, sin necesidad de que les dicten qué hacer. ¡Es más! Es probable que de escoger el liberalismo lo hagan de una forma ilustrada. En cualquier caso, ojalá se pongan pronto esas urnas y Estados Unidos se quede donde está. 

Aspiro a una república en el sentido francés de la palabra (quizás Estado es una palabra que el neoliberalismo ha dejado en una cacofonía); aspiro a que en ella viva una ciudadanía verdaderamente libre y empoderada con un foro repleto de personas ilustradas que discutan en paz qué hacer con su República; aspiro, finalmente, a que pasase lo que pasase en ese foro exista la solidaridad suficiente para que la ilustración se quede mientras el hambre y el frío se vayan.

Ni una cosa pasa en Cuba, ni otra pasa ni en España, ni en ninguna parte. El reto democrático de nuestro siglo es, probablemente, hacer que suceda. Sobre la libertad, tema aparte, he pensado recientemente que es una amante muy puñetera, espero poder desarrollarme.

Como no puede ser de otra manera,
para Lena, “Varadero” en mi imaginario.