“Las más de 300 páginas del libro suenan a Jazz. A libertad y a improvisación estudiada. A América libertaria”

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Foto Europa Press. Librería Ícaro

Existen dos formas de visitar New York. Una es ir allí, con todo lo que ello conlleva: muchas horas de avión, el paso por las aduanas, la posible barrera idiomática, el inevitable cambio de divisas, etc. La otra es dejarse guiar por el último libro de Javier Reverte.

En su última novela, el escritor de hace de cicerone en la gran manzana, enseñándonos cada uno de sus rincones y haciéndonos vivir la ciudad. Y lo hace, narrándonos su día a día durante tres meses; los que dedicó el autor a caminar las enormes avenidas neoyorquinas.

Andalucía al Día, new-york-new-york-javier-reverteLeer a Reverte es como pasear con un viejo amigo. Un amigo que ama la música, la literatura, la historia y el arte. Un amigo al que le gusta enseñarte lo que sabe pero que no resulta pretencioso. Un amigo que te transmite su amor por una ciudad hasta que consigue que tú la ames con la misma intensidad.

Es fácil leerle. Él reitera su interés en ser comprendido y lo consigue. Uno es capaz de sentir con él, tanto el miedo inicial a un nuevo hogar, el misterio de lo desconocido, como la posterior adaptación y el encontrarse como en casa. Más sencillo es todavía, creer estar allí a su lado, imaginar que uno se encuentra junto a él deambulando por Wall Street o Broadway, divagando sobre el pasado, el presente y el futuro de Nueva York. Reverte mezcla su aventura con la historia de la ciudad y lo hace de una forma tan fluida que no resulta complicado pasar de una a otra.

Javier Reverte conoce el mundo. Lo ha pateado de abajo a arriba y de izquierda a derecha. Lo conoce y está perdidamente enamorado de él. También venera la buena comida y la buena bebida. Es un lujo acompañarle a cada restaurante y a cada bar, beber una copa de vino junto al puente de Brookyln o comer pavo el día de Acción de Gracias en el barrio de Chelsea.

No deja de visitar varios museos y locales de música. Tampoco deja atrás los teatros ni el Madison Square Garden. Las más de 300 páginas del libro suenan a Jazz. A libertad y a improvisación estudiada. A América libertaria. En Manhattan hay arte en cada rincón y el libro no permite que nos lo perdamos.

Es inevitable saber el tiempo que hace en Nueva York. La descripción meteorológica es exhaustiva y detallada durante todo el viaje y la obsesión por la llegada del otoño sólo es comparable con la que puede sentir un Stark con la llegada del invierno. Pero cuando la añorada estación llega y pinta de marrones y amarillos Central Park, el júbilo llena el corazón del lector, que ha quedado prendado de este mismo sentimiento de espera.

Nos explica Reverte que el neoyorkino se siente más neoyorkino que americano. Y que no hace falta haber nacido allí para serlo. Uno puede sentirse un poco de allí tras leerle. Sentirse un poco Lorca, sin ser poeta ni ser de Nueva York. Y eso dice mucho de un libro.