“Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida” (Refranero popular)

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Andalucía al Día, Rogelio López Garrido
Rogelio López Garrido (www.rogeliolopezgarrido.com)

Estudiar no es grabar en la memoria las hojas impresas de un libro. Estudiar es leer (o escuchar) para luego OBSERVARLO.

A través de la observación nos viene la información, el conocimiento, conocimiento de la vida. Y si eres capaz de sacarle partido a lo que aprendiste aplicándolo; encontraste la razón de ser de estudiar. Así de sencillo.

Volver a recuperar la definición de ‘estudiar’ sin alteraciones y, ser fieles a ello, daría un vuelco enorme que inspiraría el renacimiento hacia una auténtica reforma, la que te regresaría a ‘Retomar las bases’ .

Muchos sabemos que este es uno de los principales problemas que tenemos en la educación. Nos atiborramos de páginas enteras de texto, y para qué? Para luego aprobar un examen, y qué ?, que he aprendido realmente?, para que me ha servido?.

Tenemos que devolver a la educación de nuestros hijos una manera de estudiar científica, o sea, estudiar y ver la realidad. Leer y aplicar, estudiar y practicar, estudiar y practicar, así sucesivamente… Esto es lo que hace gentes despiertas y capaces. Seguras a la hora de tomar un trabajo u oficio sin inseguridades; y emprendedores que se arriesgan a crear un negocio.

Hay personas que son verdaderas esponjas humanas, que absorben una información que se mantiene en su mente como una masa sin digerir. Esa información es inútil, porque no lo sabe aplicar a nada en su vida. Las esponjas humanas lo conocen todo en teoría pero les falta la aplicación.

Las ‘esponjas humanas’ se empapan en información sin obtener conocimiento alguno. PARA NO SER ESPONJAS DEBEMOS SABER ESTUDIAR.

Desarrollar maneras para aprender siguiendo una metodología de estudios es la primera asignatura, es el manual del estudiante. Y es posible, de hecho, dirijo El Centro de Estudios ACE (www.rogeliolopezgarrido.com), donde lo llevo haciendo desde hace más de 33 años y créeme la columna vertebral de todo estudio es la manera de estudiarlo. Ahí se encuentra la calidad, si la hay o no.

Y la manera no es aprender a subrayar o hacer esquemas; se comienza en aprender CÓMO aprender a leer y entender.

El uso del diccionario es fundamental, es raro encontrar hoy en día a un estudiante que lo usa para poder comprender una palabra. Cuando lo pregunto en cada entrevista que tengo, me responden la mayoría que la última vez que lo utilizó fue hace tres o cuatro años. Esto es una barbaridad. El diccionario es una herramienta vital como el martillo para el carpintero. Cada vez que abres un libro debes de tener y usar el diccionario en todo momento. Aprender a manejar un diccionario sencillo y las palabras sería una técnica interesante.

Las demostraciones para poder visualizar el texto evita que uno se aburra soberanamente.

Y hacer del estudio algo individual es una realidad necesaria y posible. No podemos meter en el mismo cajón a todos por igual, cada uno es diferente; hay que respetar el nivel de dificultad que tiene cada uno.

Es posible hacer las cosas mejor, el propio ministerio debe ser auto crítico si quiere hacer algo al respecto en cuanto a reducir considerablemente el fracaso y el abandono escolar. Y una de las cosas que le daría oxígeno a la educación es dejar de monopolizarla permitiendo a cada familia que elija y eduque como mejor considere a su hijo.

Tanto los que tienen vocación por enseñar como los padres, y sobre todo los jóvenes; ya no pueden esperar a que el ministerio despierte y encuentre la reforma mágica. No pasa nada por retornar o devolver la responsabilidad de la educación de los hijos a los propios padres, y si quieren educar a su hijo en casa que lo hagan, o apostar por el método tal o cual. Esta apertura devolvería prestigio democrático al ministerio y por tanto a todas las gentes, que lo que quieren es que su hijo sea feliz y capaz.

Las palabras nos comunican las ideas y si éstas al no entenderlas se crean lagunas, mucha estupidez, lentitud e incapacidad en el estudiante. El paro, la delincuencia, la drogadicción, etc… se cultivan en las escuelas; detrás de la ignorancia de cada chaval encontramos centenares de palabras que no se entendieron, y con la tristeza y el ahogo de acudir a clase al día siguiente a recibir un nuevo tema. Esto es autoritarismo, los hipnotizamos, los enseñamos a memorizar, como única manera de ‘que le entre todo y a tiempo’. En fin, no hemos sabido profesionalizar a nuestros hijos y ponerles a aplicar en todo momento lo que estudian. Tenemos que ser autocríticos y reconocer los propios maestros y gobernadores que no hemos aprendido a saber cómo saber; por tanto estamos alimentando la ceguera.