Led Zeppelin y la soledad abrasadora del gimnasio

La música de los gimnasios me da una pereza inaguantable, me machaca. Se siente uno solo cuando lleva a Led Zeppelin en los auriculares. Este es, quizás, un llamado de emergencia, como diría aquel reggeatón que tantas veces me obligaron a escuchar. 

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Led Zeppelin, Europa Press

Como tanta otra gente, deambulo por gimnasios de temporada, como si fueran las rebajas. Me apunto a las ofertas, hago una pseudo-amistad con monitores y monitoras y a los pocos meses, la apatía me hace desistir: “No estoy tan mal”; “chico, esta es la genética que tengo”; “Uno tiene que quererse tal y como es”… Un etcétera de frases sacadas de instagram, de poetuiteros o de ácidos libros de auto-ayuda. Además, no consigo encontrar un ambiente que me haga perdurar en la odisea de tener un cuerpo apolíneo o, por lo menos, sin tanta curva. La música de los gimnasios me da una pereza inaguantable, me machaca. Se siente uno solo cuando lleva a Led Zeppelin en los auriculares. Este es, quizás, un llamado de emergencia, como diría aquel reggeatón que tantas veces me obligaron a escuchar.

Led Zeppelin: la soledad del gimnasio

Rockeros y rockeras del mundo, ¿Qué hacen en el gimnasio cuando se hace inevitable escuchar esa acumulación de ruido que algunos, muy ambiciosamente, llaman música? Cuando en la recepción piden, por favor, que no pongan el volumen tan alto y no te hacen ni caso. Cuando saben que no es necesario ese escarnio, ese machaque.

Led Zeppelin en los auriculares, habitualmente Kashmir y, de fondo, algún remix. Cuando tengo mucha suerte, de Sweet child o’mine. Una versión de Sweet child o’mine que mataría a gorriones, pero Sweet child o’mine, al fin y al cabo. Me conformo cuando ponen una canción de Bruno Mars dopada con una base que hostiga a quien la escucha. ¿Habrá pedido alguien semejante extrañeza?, me pregunto. ¿Ha ido alguien a recepción a pedir eso? “Oiga, ¿me pone una canción de Bruno Mars estropeada? Se lo agradecería”. Me cuesta tanto creerlo…

Y voy más allá, reconociendo que es por salir de esta soledad musical: ¿De verdad a todo el mundo le gusta esto menos a mí? ¿Soy yo el único socio de ese ecosistema al que esa “música” hastía? En toda esa nube de testosterona, ¿no hay nadie que se motive escuchando a Led Zeppelin, a los AC/DC, a los Rolling Stones?

Mientras corro, por más que suba el volumen, sigue ahí como un fantasma ese hacha. Se mezcla con los gemidos de un señor que, de seguir así, acabará con una hernia. Creo que él mismo sabe que esa postura está lejos de ser sana. ¿A él qué le importa? Parece que la canción insoportable, repetitiva y ausente de toda sensibilidad le gusta.

Será mejor concentrarse en lo que considero un riff definitivo, sensual a más no poder. Lanzo una pierna en la máquina, lanzo la otra, hago lo que puedo. La escala arábiga de Jimmy Page me llega a los pulmones. ¿Cómo es posible que no haya nadie en este planeta compuesto por músculos de nombres impronunciables que no sienta lo mismo? Busco un aliado, una compañera, alguien que me apoye en esta lucha titánica.