Leila Slimani: Canción dulce, la terrible pulcritud del realismo

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Ayer empecé a ver Lupin. No le va a cambiar la vida a nadie, pero es trepidante. A veces pensamos que la cultura debe ser algo que cambia la vida permanentemente y nos olvidamos de su faceta de entretenimiento. Lupin entretiene, como entretiene Sherlock, por ejemplo. Ambas comparten la pillería, el atractivo del reparto y cierto toque demagógico que, en casos como este, no sobra. En el caso de Lupin, además, está el hecho de que se rueda en París y en francés, y es un glamour tan sensual… Eso me llevó a volver a abrir Canción dulce, de Leila Slimani, en su versión francesa: Chanson douce.

Leila Slimani y Canción dulce

Mi francés es atroz. Leyendo descubro más palabras de las que conozco y eso me pone un poco nervioso. En inglés no me pasa, por ejemplo, tampoco en italiano. Ya había leído parte del libro en francés pero por haberlo leído en español previamente y tener lecturas pendientes, no lo continué. Llegué a la página 70, más o menos. Muchas palabras redondeadas, que quiere decir que no sé qué significa ni lo he adivinado por el contexto. También muchas frases subrayadas, que quiere decir que me han gustado.

La narración de Leila Slimani, sepa uno francés o no, es vibrante. Frases cortas que, dada la pulcritud del lenguaje que usa, resultan chocantes. Disfruto de la literatura sin rodeos en la que se especializó Estados Unidos después de Faulkner. Un ejemplo: ¿por qué poner “la barriga del señor Paco era muy grande, grasienta y asquerosa, tanto que quería abandonar la silla” cuando puedes decir “el señor Paco era gordo”? No hay razón aparente para no usar la precisión como arma narrativa o incluso poética. Leila Slimani escribe así y, dada la primera escena del libro, me parece inteligentísimo. Por cierto, la traducción de Malika Embarek López para Cabaret Voltaire -una editorial exquisita- es excelente.

Leila Slimani frente a un argumento terrorífico

Mi intención de ser padre se reduce a las cuatro plantas que tengo en casa. Ver una clase de párvulos, con sus mocos y sus almuerzos de arena en el patio del colegio, me da pavor. Hay a quien le parece gracioso, igual que tener perro o hacerle fotos a un gato. Nada que ver conmigo. Canción dulce va sobre una pareja que necesita una canguro. Leila Slimani ha hablado mucho de esto con la prensa, de ser madre, de ser marroquí y ser feminista, de no llevar velo… Resulta interesantísimo escuchar su posición frente a temas polémicos. Volviendo a Chanson douce:

Subtexto: la novela plantea que tenemos que elegir entre: A. Tener trabajo. B. No tener trabajo, o sea, no tener para comer -o depender de otra persona-. C. Tener progenie renunciando a una de las dos anteriores. D. Tener progenie y trabajo, destinando parte del salario a contratar a otra persona que, a su vez, necesita cuidar de la progenie de otros para que su progenie tenga qué comer. A su vez, es posible que esta persona necesite contratar a alguien para que cuide de su progenie, lo cual nos lleva a una cadena de precariedad deleznable.

Como se pueden imaginar, Louise, la canguro contratada, no es de fiar. Lo verán con la primera frase de la novela. Poco más que decir a este respecto, disfruten de la lectura. Otro consejo sería que, al final de todos los argumentos, cuando nos encontremos a la política, no voten a partidos que hacen que para vivir dignamente necesitemos de la precariedad de un sector de la población. No obstante, todo el mundo tiene derecho a equivocarse, ya sea no leyendo este maravilloso libro o votando a la derecha.