Libertad de expresión a siete de enero

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Veo en los diarios y en el televisor que se necesita de variedad ideológica y muchas ganas de gritar, todo ello en pro de la libertad de expresión. Para escribir en los periódicos se precisa adoración a Carmena o, como Antonio Burgos, visceralidad hacia todo aquello que no sea tradicional. En cualquier caso, es obvio que hay que ser iracundo en todo aquello que se quiera defender. Yo me considero apropiado,  pues soy un hombre muy capaz de ser maleducado, y no sólo eso, sino que, además, puedo cambiar de ideología, por lo que podrían contratarme en varias líneas editoriales y yo siempre sería apropiado.

Por ejemplo, los lunes por la mañana soy stalinista. Me levanto cabreado, sin ganas de ver a nadie, ni de tener compañeros, mando a gente a Siberia por no pasarme el azúcar y hablo en un idioma raro. Me levanto con muchas ganas de desayunar, eso sí.

Los domingos, claro, soy muy de Franco porque el nacionalcatolicismo dejó descuentos en según qué sitios y a nadie le amarga un dulce. El último día de la semana opino que prácticamente todo se resolvería poniendo de Presidente del Gobierno o Jefe del Estado, o de lo que sea, a un tío con bigote y tirantes, para que se acabe aquí la tontería.

Los viernes soy socialdemócrata, como todo el mundo sabe, porque me gusta salir con los amigos y ser capitalista y consumir cosas que no necesito, pero hablo de la importancia de tener un sistema sostenible y la paz en el mundo, animo a que se consuman productos light y esas cosas, todo a la vez. Los martes, al contrario, me levanto con ganas de privatizar cosas y digo que quién no tiene dinero para una casa es que no ha trabajado, el vecino riñe a su hijo por zurrarle a no sé qué niño y yo le digo al padre que deje al niño hacer lo que él quiera, que la sociedad la maneja la mano invisible, ustedes ya saben de lo que hablo.

En cualquier caso, soy un tipo que dice y hace lo que considera oportuno, por eso hay libertades de expresión que tocan las narices. A mí me parece de chimichanga la libertad de expresión dedicada a criticar las formas o los vestidos de este o aquel partido o presentadora, pero la libertad de expresión que critica fundadamente o con ganas de hacer reír me parece de lo más necesaria. -Los lunes, cuando soy stalinista, obviamente, no me parece tan necesaria, tampoco los domingos, que es cuando soy franquista-.

Y aquí estamos, a siete de enero de dos mil dieciséis, parece mentira que con la de cosas que ha hecho el ser humano por destruirse sigamos aquí.

Un año después de los atentados de Charlie Hebdó, unos seguimos siendo Charlie y otros dicen lo que más conviene a su bolsillo, tenga lógica o no la tenga, sea algo verdaderamente crítico o una superficialidad. Y, sobre todo, unos seguimos defendiendo la libertad de expresión y otros le siguen inventando límites para que la libertad de expresión se resuma a todo aquello que les pueda convenir.