Lo bueno del referéndum: Hace mucho que no oímos “Despacito”

Antes, un señor puertorriqueño quería no sé qué de ser tu ritmo, y que despacito. Ahora, Cataluña pretende independizarse, la mejoría es notable.

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Luis Fonsi, autor del suplicio en cuestión.

El temita del verano llegó con ese aire de pesadumbre total y absoluta. Un señor puertorriqueño quiere no sé qué y no sé cuánto y lo quiere despacito. No sé qué de ser tu ritmo, despacito. No sé qué de un laberinto, despacito. Bien, algo bueno nos ha dejado el referéndum, con tanto hablar de Cataluña, llevamos mucho sin oír la puñetera canción de los mil demonios.

De cómo el referéndum hizo que no sonara más “Despacito”.

La canción de Luis Fonsi, otrora baladista de esos que presentan “un temita nuevo” cada año, es una venganza. Llamar “temita” a las canciones, sobra decirlo, me parece tan hortera como la envidia sana. No obstante, en su anterior faceta, Luis Fonsi intentaba hacer las cosas bien. Nos ha dado la murga con alguna canción, es cierto, pero intentaba hacer cosas profundas. Despacito ha supuesto un martirio latinoamericano.

Es por ello que he pensado en este artículo, en la hermosura del silencio radiofónico. Pones la radio y el que sale es Rajoy, no la dichosa canción. ¿Cómo será que prefiero escuchar las tautologías del Presidente del Gobierno antes que el “temita” del verano? Y si no sale Rajoy, sale Puigdemont diciendo que se tira al monte, pero en plan tranqui. Puigdemont se echaría al monte en una casita rural con todos sus avíos, nada estrafalario.

Y si no sale ninguno de los anteriores, el que sale es Pablo Iglesias sugiriendo que al agua la llamemos H2O. Llegará el día en que lo que proponga el líder de Podemos tenga algún tipo de utilidad. Ayer, por poner un ejemplo, proponía en rueda de prensa la creación de una asamblea de municipios, es decir, la FEMP. Y si no es Iglesias, es Susana Díaz soñando que ha ganado las primarias mientras dice (de una forma muy folklórica) que ella dice lo que habla y, cuando no, habla lo que dice. Porque ella, otra cosa no, pero ha dicho siempre lo que ha hablado y, si no, ha hablado siempre lo que ha dicho.

El referéndum es la tranquilidad

Lo que no suena, quien no sale, es Luis Fonsi cantando “Despacito”. Con Papi Estadounidense (Daddy Yankee para los que saben del negocio) por detrás, que dice lo que Luis Fonsi canta, como si estuviera cabreado. Que Fonsi dice “favorito”, Papi Estadounidense te lo repite, por si no te has enterado: “favorito, favorito”. Y añade el vocativo definitorio: “baby”. Favorito del todo, sin dudas, y dirigido a ti, “baby”. Y cuando llega su ansiado solo, él asume el liderazgo mientras rima verbos en gerundio.

Antes de que pasara todo este embrollo del referéndum, no se podía salir a la calle. No se podía ir a un bar a tomar un piscolabis. Si ponías el telediario, ahí estaba, “Despacito arrasa en youtube”. Si te asomabas por la ventana, en el patio, una muchachada se bebía una litrona mientras uno de ellos pone el dichoso “temita” en su teléfono móvil. Y, sólo faltaba, si ibas a una fiesta, más te valía ser sordo porque, si no, te la tragabas.

Pero llegó ese momento en que el Gobierno Catalán obvió que la Resolución 1541 (anexo, Principio I) de la Asamblea General de la ONU dice que el Derecho de Autodeterminación declarado en el Capítulo XI de la Carta de Naciones Unidas se aplica solo a “territorios considerados entonces de tipo colonial”. Ese fue el momento de la tranquilidad.

Desde que no hay más no sé qué de manuscritos, ni no sé qué de laberintos, ni hay Papis Estadounidenses diciendo “Uoh, Uoh”, sólamente tenemos un problema constitucional de tres pares de narices (las de Rajoy, las de Mas y las de Puigdemont) y un problema territorial al que se ha llegado por no querer hacer política. Pero, por no escuchar la canción, la prohibición de la tortura es bastante más efectiva.