Lo flipo con Luis XIV

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¿Han visto ustedes alguna vez un retrato de Luis XIV de Francia, ese Rey Sol, majestuoso y sublime cuya única verdadera preocupación era Francia? ¡Ese rey divino! Luis XIV era absolutista porque sabía que no podía haber nadie que fuera más absolutamente genial que él.

Qué manera de vestir, qué manera de posar, que manera de coger ese báculo porque para eso le puso Dios ahí, qué medias tan bien puestas, qué forma de comer croasanes que parecía que el croasán tenía que darle las gracias por lo bien que se lo estaba comiendo, qué chalecito se hizo a las afueras de París como el que no quiere la cosa, qué limpio y qué ordenado tenía todo aquello, que daba gloria verlo. Fue con Luis XIV que París dejó de ser Lutecia.

¿Y ese bigotito seductor? ¡Oh! ¿Y esas botas que eran de Yves Saint Laurent sin que Yves Saint Laurent existiera ni nada? ¡Oh! ¿Y ese culito de panadero que le hacían los leotardos? ¡Oh! Setenta y siete años de vida y setenta y dos de reinado, reinando sus huevos toreros desde que tenía cinco años. ¿Que hay que casarse con una prima? Se casa Luis XIV son su prima Mari Tere la de España, pero que no se ponga celosona porque la corte de Francia por aquella época era la casa de Gran Hermano. ¿Que hay que hacer una Iglesia del coponazo en el centro de París? Toma, haz tres, que aquí sobra.

En un momento dado España se le pone chula, y coge Luis XIV y dice: “Cuidadín, que soy Luis XIV, no tengamos tontería, Brabante para mi porque por herencia le corresponde a mi mujer que es la infanta María Teresa, y si te pica te rascas, Carlos II, tonto, que eres mu tonto, que te llaman hechizado porque te quieren, pero que eres mu tonto.”

¿Qué Rey puede ser tan sublime que se pelea con su cuñado el tonto? ¡Luis XIV! Pues no contento con su chulería innata coge y en vez de ir él a la Guerra de la Devolución de Flandes coge y manda a su hermano ¡Qué artista! Me lo imagino paseando por los jardines de Versailles, viendo trabajar a los plebeyos, ejerciendo su derecho a ser sublime, mirándose las uñas mientras dice: “Felipe, tú que eres Duque de Orleans, ve a pelear por mi, que a mi me da mucha pereza. Cosas de ser Rey de todo, ya lo entenderás.” Y los dos riéndose de su cuñado, Carlos II (el hechizado) comentando las tonterías que hacía en la boda. “¿Pues no va el carajote de mi cuñao y pide para comer una lechuguita? Todo el mundo venga faisán, venga jabalí, venga cerdo, venga paté del bueno… ¡Y coge el carajote y pide una lechuguita! ¡Pues hártate ahí a lechuga, so conejo!”

Luis XIV era a Francia lo que Artur Mas es hoy a España, uno hacía lo que le daba la gana que para eso era absolutista, el otro “corrige las urnas” y en un pis pas uno de sus delfines President. Y si no lo queréis reconocer es porque tenéis una envidia que os corroe por los adentros.