Lo que ha conseguido Susana Díaz

Las consecuencias de las acciones de Susana Díaz son que el PSOE va a ser un cero a la izquierda para formar Gobierno.

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Susana Díaz en el Parlamento de Andalucía. Europa Press

El PSOE andaluz aplaude a Díaz, la líder. Hasta ahí, tal y como ha venido sucediendo en los últimos casi veinte años, nada se va de la normalidad. El problema es que esta vez el proselitismo no está tan justificado. No nos acordamos, pero fue Antonio Pradas el que llevó los avales de Andalucía a Ferraz por y para Pedro Sánchez, mucho más conveniente que Madina, infinitamente más conveniente que Pérez Tapia. Ahí el PSOE estaba dividido y Sánchez no quiso coser y remendar, primer mandamiento después de un Congreso, de aquellos barros estos lodos. Además, le daba la espalda en la medida de sus tristes posibilidades a Díaz y ésta empieza sus acciones. Más barro; más lodo.

El PSOE, desde siempre, ha tenido por objetivo gobernar para la O de su propio nombre. Las acciones de Díaz en los últimos meses le han hecho la vida imposible a Pedro Sánchez y eso va a derivar, como una consecuencia casi bíblica, en la cabeza del PSOE en bandeja de plata a los pies de un Rajoy que no ha movido un dedo para formar Gobierno: Javier Fernández, fortuíto Presidente de la Gestora, ya ha dejado claro que la abstención es la única forma de evitar las terceras elecciones y sólo han contestado predicadores en el desierto. Lo malo es que tiene razón.

Díaz ha provocado el caos en su partido atrincherada en unos resultados electorales en los que ella también ha colaborado. No se habla de que Pradas fue quién llevó los avales de Sánchez a Ferraz, pero tampoco de que Susana Díaz no ganó Andalucía en las últimas generales. La culpa siempre es del máximo responsable de la situación: De los resultados en Galicia podemos acusar a Sánchez, de los vascos también, pero aquí en Andalucía todo tiene el mismo nombre.

Ese caos al que en Andalucía ya estamos acostumbrados (se pudo ver casi con normalidad la dimisión de la mitad más uno de la ejecutiva) ha provocado de manera inmediata la franca ilegitimidad del PSOE para formar Gobierno. Antes estaba en duda porque tenía 85 diputados, pero el parlamentarismo le daba licitud al intento y al sector más de izquierdas del PSOE le daba la esperanza de que Rajoy no gobernase. Sin embargo, hoy en día el PSOE sigue con los mismos diputados, pero ¿A quién pondría al frente de un Gobierno de España?

Esa es la consecuencia más inmediata y quizás más dolorosa, hoy en día el poco sentido de Estado de Díaz ha llevado al PSOE ha no poder poner condiciones. Habitualmente se confunde tener sentido de Estado con dejar que reine la estabilidad, pero si la estabilidad es la del PP, más nos vale que no la haya. Tener sentido de Estado era ponerlo todo para que Rajoy no gobernara y Díaz ha dejado al PSOE sin opciones.

La consecuencia de la consecuencia, este paseo ciego hacia ninguna parte, es que ya el PSOE ni siquiera puede poner condiciones. Ya no es que tenga que gobernar Rajoy sin más, es que ahora la negociación tiene un gigante y un enano sentados en la misma mesa. Antes de las acciones de Díaz, el PSOE podía plantear: No queremos que esté Rajoy (como hizo la CUP con Mas), no queremos a De Guindos, ni a Montoro… ¿Ahora? En el momento en que eso se ponga sobre la mesa Rajoy podrá decir: ¿Y me lo dices tú, que estás aquí de casualidad?

La tercera consecuencia de que el PSOE esté descabezado es que los próximos cuatro años no servirán para que un candidato o candidata se forme en la oposición y gane fuerza parlamentaria; servirán, por el contrario, para que alguien experimentado sin opciones de ganar esté a dos cosas a la vez: Coser el partido y hacer oposición, es decir: Desgastándose para que las próximas elecciones, donde esperemos que la providencia nos coja confesados, alguien joven y esperanzador sea aupado para (con suerte) pelearle al Partido Popular la Presidencia… Como pasó con Pedro Sánchez, que era una buena elección porque era majete y parecía fácil de domar y por eso Díaz le aupó, no como Rubalcaba.

Antes el PSOE tenía legitimidad y licitud para formar gobierno o por lo menos para exigir un descabezamiento, para exigir una reflexión profunda en el PP que les lleve a cierta progresía; sin embargo, hoy en día, después de esto, ¿qué le queda al PSOE?

Le quedaría la militancia, pero tampoco quieren que sea escuchada. “No somos asamblearios, esto no es Podemos”, dice Gacía Page. Curioso, cuanto menos, teniendo en cuenta que el órgano de las asambleas locales es, precisamente, una asamblea.