Sobre la Autónoma: Es mejor ganar un debate que no dejar hablar

Como dijo Lope, "quien lo probó (quien ganó alguna vez un debate) lo sabe".

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Uno de los jóvenes que impidieron la conferencia de González en la Autónoma de Madrid. Europa press

De un tiempo a esta parte, por aquello de la correción política, todo aquello que queda a la izquierda del PSOE o a la derecha del PP es denostado y calificado de animal. Por supuesto, lo que ocurrió en la Autónoma está lejos de ser democrático y, en cierto modo, puede que el discurso de enfrentamiento haya llevado a esto, pero se está juntando un rebujo de ideas del cual todo el mundo está intentando sacar rédito político: Unos por un victimismo que pretende dar la razón a la abstención; otros por querer conjugar lo acontecido como un hecho romántico o nostálgico de la izquierda de mayo del 68 (que ya ven ustedes qué cosa).

Entre tanto, hay dos ideas que tengo claras: Que lo que sucedió está mal es una, que llamar fascista a quien no lo es es otra. Impedir que hable alguien es indudablemente peor que ganarle un debate, como dijo Lope: “quien lo probó (quien ha ganado alguna vez un debate) lo sabe”. No me voy a parar a decir lo que se ha dicho tantas veces sobre la violencia y la libertad, no creo que así convenza a nadie, es tan obvia la cuestión que quien no se haya dado cuenta ya no lo va a hacer por mi; será mejor poner por delante el hecho de debatir no ya como medio para llegar a un sitio, sino como cura de la autoestima: Ganar un debate a González es mejor que no dejar que hable, sencillamente, ganar debates sienta bien.

En segundo lugar creo que llamar fascista a quien no lo es, es un error de bulto y, con todo el respeto, una muestra de ignorancia. Si me lo permiten y por agrupar conceptos hablaré “del marxismo hacia allá” para aglutinar a leninismo, comunismo, anarquismo, etcétera. Bien, la gente que milita “del marxismo hacia allá” lleva mucho tiempo partiéndose los cuernos por y para la clase obrera, por lo que merecen el mayor de los respetos en casi todas las ocasiones, aunque este colectivo ha errado, entrar a descalificar a todas las demás personas es equivocarse de lado.

A su vez, y ya desde la teoría, asumir el marxismo como un ente ideológico totalitario es otro error. Tan erróneo es que en el Manifiesto Comunista Marx y Engels observan que en la asociación de ciudadanos deseable, el libre desarrollo de los ciudadanos es la condición para el desarrollo de toda la sociedad. Es decir, Marx y Engels contemplan la libertad del individuo como objetivo, lo que en el fascismo es inasumible. Sucede con Marx lo que con Dios, que a menudo lo malo no es el marxismo, sino sus fans, los y las de la Autónoma son un buen ejemplo: La violencia podría tener sentido (y el condicional espero que se entienda, repito: podría) cuando el contrario violenta; sin embargo en este caso no había violencia, sencillamente, no estaban de acuerdo los unos con los otros. En el contexto actual, no dejar hablar a alguien está lejos de ser justificable (Abascal, Gallardón, Willy Toledo o unos titiriteros incluidos).

Es decir: no, no son fascistas, no caigan en eso, es incluso tendencioso afirmarlo. Felipe González tampoco lo es y creo que pararse a debatirlo es, en cierto, modo, darle un pellizco de razón a quiénes dicen eso. Sí me parece que Felipe González es el mejor presidente de la historia de España y que se equivocó en ciertas cosas. Lo malo de González ha venido después, cuando muchas veces no se ha sabido dónde militaba.

Por todo lo anterior la comparación que se está dando en las redes entre lo que ocurrió en la Autónoma y lo que ocurrió en Salamanca en el 36, cuando Unamuno dijo aquello de “ganaréis, pero no convenceréis” a Millán Astray, que saludó diciendo “Muera la inteligencia, viva la muerte” me parece desproporcionada. En un primer término porque Millán Astray fue un monstruo y estos chavales son unos pobres diablos, nada que ver; lo segundo porque Felipe González no es Unamuno, ni mucho menos lo es Cebrián.