Lobos con piel de cordero, corderos con pieles de lobo

"Tanta careta y tanta mierda me va a volver loco".

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Lobo. Europa press

Llevo un par de semanas con esa frase retumbando en cada esquina de mi desordenada cabeza. Siempre ha estado ahí, pero últimamente está martilleando las paredes más de la cuenta, y o lo saco, o exploto.

Estoy cansado de que hoy en día no se le pueda pillar el rollo a nadie de primeras, ni de segundas ni de leches en vinagre. Tanta careta y tanta mierda me va a volver loco. Tan loco que cada vez lo veo más reducido a esa dicotomía (manía que tengo, intentar reducirlo todo a blanco o negro y mira que sé que el gris está siempre en medio).

Me viene una anécdota muy buena. Un día, cuando andaba por la Pablo de Olavide aún, estaba en el pasillo central con dos compañeros liado con un trabajo. De repente, un número desconocido me empieza a mandar mensajes en plan acosador. Por lo visto era una chica que me había echado el ojo y andaba cerca. Después de un poquito de troleo por su parte y animado por mis compañeros me animo a decirle que se baje a la cafetería a tomarnos una caña. Y me encuentro cara a cara con una chica rubia con pecas y ojos claros, con un estilo a lo Pink pero más suave que un algodón. No me ilusiona mucho pero quedamos para hablar, me pareció una chica legal y linda. Al llegar a mi barrio, resulta que es la ex de un amigo. Y básicamente, empieza a hablarme sobre ella y salgo por patas (pero en plan que voy por Dos Hermanas ya) desde el momento en el que llegamos a la parte de las intimidades de dormitorio. Solo voy a decir que Christian Grey se le quedaba MUY corto y yo paso de esas mierdas.

El otro dia estaba haciendo zapping y me encuentro con un documental sobre Javier Roche, el del Chatarra’s Palace. Un salvaje que te tortea a la primera de cambio, un tío de los pies a la cabeza al que no le importa entrar por la fuerza en un criadero de perros para sacarlos y que tiene un gimnasio que le da una salida que de verdad es útil para los chavales de la calle. No lleva careta, es un Rottweiler y está orgulloso de ello. Al cambiar de canal, me sale Mariano contándome mierdas e intentando vender la moto otra vez para que continúe el negocio. Con su corbatita, elegante y correcto. Una persona de bien en todos los aspectos, vamos…

La verdad, estoy teniendo la costumbre con el tiempo de sintonizar con la gente que parece más bestia. Porque no se andan con tonterías y luego te encuentras con unos corazones que, además de haber soportado el vendaval social que enloquece a la mayoría al final, se han endurecido y se han vuelto más nobles. Desconfío de todo aquel que me venga de manera “políticamente correcta” porque la política es una mafia y no queda en este mundo ya inocencia más allá de los niños y los animales. Hasta la fecha, esa filosofía me ha ayudado a rodearme de personas que lo último que quieren es intoxicar a nadie. Gente en la que merece la pena confiar, gente que ha caminado lo suficiente bajo la lluvia como para no llevar máscara por la calle porque lo consideran absurdo y malo.

Todo este asunto me recuerda a una de mis canciones favoritas de Faith No More. Una canción que suena a insulto, macarra y que no pide permiso para mearse en el felpudo de tu casa. Una cancion que dice verdades como puños y tiene más sentido y buena voluntad que cualquier otra cosa que te puedas echar al oído.