Los decálogos los carga la diablesa

Mar Cuartero analiza el decálogo de Ciudadanos sobre el feminismo liberal.

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Inés Arrimadas, encargada de presentar el decálogo de feminismo liberal de Ciudadanos. Europa Press

A la hora de defender una determinada posición es mejor exponer pocos argumentos muy bien construidos en vez de muchas afirmaciones que se presten a otras tantas refutaciones. Creo que el decálogo del feminismo liberal presentado por Ciudadanos hace días es un ejemplo de por qué es importante reflexionar sobre cómo y qué mensaje se quiere lanzar a una determinada audiencia, cada vez más informada y sensibilizada con la importancia del feminismo.

Para empezar, no es muy recomendable definir una palabra resaltando lo que no es. En los puntos cinco y seis se nos dice que el feminismo no es decir portavozas o excluir al hombre. Evidentemente que no es eso pero, ¿de verdad me has aclarado lo que es el feminismo? ¿Has conseguido transmitir el mensaje de que feminismo es la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres?

Por otro lado, es una falta de respeto reducir al absurdo, con la mención de una anécdota irrelevante, la necesidad de un lenguaje inclusivo que represente a toda la población. Ahí van algunos ejemplos de por qué no es baladí este tema:

El Código Civil, en pleno siglo XXI, sigue haciendo referencia a “la diligencia del buen padre de familia” para describir el comportamiento de las personas en los negocios jurídicos en vez de emplear la expresión “diligencia media o de una persona prudente; en los libros de texto y manuales universitarios se hacen continuas referencias a los derechos del “hombre” en vez de emplear como término “derechos humanos“. El lenguaje, en definitiva, también forma parte de la política, pues es con palabras como los animales sociales elaboramos y reelaboramos políticas.

Además, si tan engorroso fuera emplear el lenguaje inclusivo, habrían saltado las alarmas ante, por ejemplo, la adopción de  los términos “personas con diversidad funcional” o “personas con la capacidad modificada judicialmente” en nuestros textos legislativos y políticos para referirnos a grupos que antes eran denominados “discapacitados”, “incapaces” o “disminuidos” (término empleado en el art. 49 de la Constitución). Hemos pasado de una palabra a varias para describir mejor y más respetuosamente la realidad de millones de personas y nadie, afortunadamente, ha querido volver atrás.

El decálogo afirma en su punto seis que el feminismo liberal no excluye al hombre. Esta afirmación parte de la premisa de que, por regla general, el movimiento feminista es excluyente, lo cual es totalmente falso: sería contradecir la propia definición de feminismo.

Las mujeres no pretendemos pasar de ser víctimas a opresoras. Este es un movimiento que, aunque muchos no lo crean, también libera al hombre: porque en realidad nadie es verdaderamente libre en un sistema que establece una serie de privilegios y de cargas en función del género asignado al nacer. ¿Por qué los hombres tienen que reprimir el llanto ante una situación conmovedora? ¿Por qué las mujeres debemos  ser valientes cuando salimos por la noche? ¿Por qué no les preguntan a los hombres si desean tener hijos en una entrevista de trabajo?

Por lo anterior, la referencia a una supuesta guerra de sexos es absurda. El feminismo es una batalla, sí, pero una batalla de la sociedad contra sus propios prejuicios.

En el punto siete la educación se menciona como el pilar de esta nueva fórmula de feminismo. No han inventado nada nuevo: todos los feminismos inciden en la importancia capital de la educación desde una perspectiva de género  para desterrar los roles sexistas y construir una sociedad igualitaria, en la cual no se mande a las chicas el mensaje de que solo valen para desarrollar profesiones dedicadas al cuidado porque las Ciencias no son para ellas.

Sin embargo, este argumento –como todos los anteriores– necesitaba ser más desarrollado. A mi juicio de poco o nada sirve que  en clase de Ciencias Sociales o de Ética se mencione  el derecho a la igualdad entre mujeres y hombres y sus implicaciones teóricas si luego los currículos académicos de otras materias no lo llevan a la práctica; es más, van radicalmente en contra de las leyes que desarrollan.

El art. 24.2 en sus apartados a) y  f) de la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres establece que dos de las actuaciones de las Administraciones en materia educativa deben ser “La atención especial en los currículos y en todas las etapas educativas al principio de igualdad entre mujeres y hombres y El establecimiento de medidas educativas destinadas al reconocimiento y enseñanza del papel de las mujeres en la Historia“.

Ahora vamos a la práctica. En Literatura o Historia, más mal que bien, se estudian algunas autoras que fueron tan esenciales para entender el mundo actual que la historiografía tradicional no ha podido silenciarlas del todo (son aquellas que aparecen en los recuadritos titulados “Para profundizar más de los libros de texto y que, por regla general, no llaman nada la atención) pero…  ¿Seríamos capaces de nombrar en un minuto a diez mujeres que, antes del siglo XXI, hayan tenido un papel esencial en el mundo de las Ciencias, la Filosofía o las Artes? Consejo: no os dejéis llevar por las apariencias, algunas mujeres firmaron con pseudónimo masculino o sus ideas fueron plagiadas por otros que se han llevado el premio de pasar a la posteridad.

¡Feliz 8- M!

Mar Cuartero Cobo, estudiante del doble Grado en Derecho y Ciencia Política y Administración Pública de la UAM.