Los fracasados de los “Óscares”

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Choca el silencio y el vacío mediático que rodea a los “Óscares” de este último año. Los “Óscares” son esos premios que los yanquis dan a los que, según ellos, son las mejores películas y actores. La verdad es que algunas películas y algunos actores (y actrices) serán más o menos conocidos y gustarán o no al gran público, pero lo cierto es que a nivel mundial la primera industria en esto del cine sigue siendo Estados Unidos.

Si la memoria no nos falla, había nada menos que tres nominaciones españolas a los “Óscar”, y sin que se sepa a ciencia cierta el motivo, han desaparecido en un plis-plas de las pantallas, de las de del cine y de las de la televisión. Lo más curioso es que los españoles somos muy dados a justificar los fracasos, tal vez porque todavía sigue vigente en nuestro subconsciente social aquello de la pérfida Albión. Ni la prensa ha dedicado sus habituales ataques sobre la manipulación y el insulto a nuestros profesionales y artistas de las pantallas. Tampoco ha salido la clase política en defensa de nuestra industria cinematográfica, ni el entendido de turno con alguna diatriba trasnochada.

Y, cosa rara, los candidatos, supuestamente excelentes profesionales, han desaparecido de escena. Tal vez la plaqueta de la escena final ha sido demasiado dura y ha dejado fuera de juego a muchos que ante la ciudadanía española, presumen de méritos internacionales de los carecen, según se ha dejado claro los “Óscares”. Quizás el problema resida en que ni nuestros actores actuales, ni nuestros directores, a los que algunos ponen en el candelero del Olimpo cinematográfico, son tan buenos como se dice. Actores y directores con mucho caché antes, al menos a nivel nacional, pero hoy dedicados tan sólo a proyectos de segundo orden, de ámbito provincial. Los “Óscares”, reconozcámoslo, han sido un fracaso rotundo para la “industria” cinematográfica española. Pero, insistimos, se mantiene el silencio cómplice ante estos personajes hoy en regresión.

Eso sí, se salva la animación, porque, a pesar de no haber “mojado”, su calidad es reconocida a nivel mundial, incluso en la mismísima meca del cine. ¡Claro, que no siempre se puede ganar!

Hemos estado “representados” por un director en declive (tengo que confesar que nunca me ha entusiasmado, ni mucho menos) que cada vez se parece menos a Buñuel, Garci, Trueba o Amenábar, y por un actor achicharrado y devuelto por Hollywood, metido en proyectos de segundo orden y con una visión localista que aspira a poco más que aparecer en unos informativos cada vez más parecidos a los NO8DOS más rancios.

Es posible que todo el panorama del artisteo de nuestro cine esté abochornado porque se vendió la piel del oso antes de matarlo. No podemos dar credibilidad al bulo de que los “famosos” premios Goyas hayan sido manipulados persiguiendo intereses particulares, sería demasiado duro. Porque la cadena de premios internacionales ha sido una travesía estéril de un peculiar desierto del Kalahari. No se encuentra explicación a que tantas panegíricas como tuvimos que soportar durante más de un mes, hayan pasado a mejor vida, al purgatorio del olvido o al limbo del sheol frío de la eternidad.

Tal vez el problema resida en que esos famosos de nuestro país no pasan de la mediocridad y hay poderosos intereses para ocultarlo.