Los Medici y la comparación andaluza

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Cartel oficial de Los Medici.

Los Medici, producido en parte por la televisión pública italiana, es una serie hábil con un reparto de esos: Hay un tipo en este mundo y se llama Dustin Hoffman, y si sale Dustin Hoffman es que está bien. Es como cuando vas a un sitio y ves a mucha gente con corbata; ya sabes de antemano que allí se va a cantar, como mínimo, una canción de Siempre Así. Sabes que aquello va a pasar y estás esperándolo, y te vas preparando para cantar a mi manera y en ese momento en que tu amiga la pija se levanta: lo sabes. Ahí está. Pum, pa ti. Pues lo de Dustin Hoffman es igual, ese gachó es un seguro de vida.

El caso es que los Medici retrata la cara b del poder: El por aquí te quiero ver, y el mire usted qué guasa son elementos fundamentales, como lo es en otras producciones sobre el poder como House of cards o El Padrino, de hecho, los símiles con la película de Francis Ford Coppola están ahí para quién los quiera ver.

¿Su poquito de capitalismo? Lo hay. ¿Su poquito de te vamos a explicar la socialdemocracia? También. ¿Neoliberalismo para quién lo quiera? Por supuesto. Las lecturas politológicas que pueden hacerse también bendicen la producción.

Para quién se lo pregunte: Richard Madden, Robb Stark en Juego de Tronos, bien. No es que vayamos a ponerle una estatua, pero bien.

Lo que pasa es que si les cuento por qué digo todo lo anterior les destripo la serie y sus intríngulis, por lo que, háganme caso, mejor paro aquí.

En el plano cabreante, la envidia. Santa María de la Flor, Catedral de Florencia, subyuga, es majestuosa, pero la comparación denota que la ciudadanía andaluza sólo tiene hambre en su superficie. Que lo bueno funciona parece ya del todo incuestionable; que en Andalucía hay talento está de sobra demostrado, ¿Cabe preguntarse ya, de una vez por todas, por qué Canal Sur sigue produciendo programas facilones? ¿No merecería más la pena apostar por contar la vida de nuestra Wallada de Córdoba, poeta omeya, por ejempo? ¿No es hora ya de quererse una mijita? Quererse bien, cuidao, no quererse yendo por el mundo diciendo que el embutido de no sé dónde está bien, pero que como en Huelva en ningún sitio, quererse bien. Es, por supuesto, una pregunta retórica. Tanta es la carencia de orgullo veraz, fuera del renombrado flamenquito apaleao y del salmorejo, que hay cosas que ni siquiera nos paramos a pensar.

…Y eso que sólo hemos hablado de Andalucía, que si nos ponemos a reclutar heroicidades y méritos en este país que se pierde entre federación y centralismo; Susanismo o lo que sea lo otro; paella o arroz amarillo…