Los niños con los niños, las niñas con las niñas

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No es que coja a nadie por sorpresa, pero es de muy mal gusto, dudosa ética y escasa profesionalidad el pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre el derecho a recibir subvenciones los colegios privados (dinero público) que segregan niños y niñas. Para el alto tribunal la separación sexista es legal; aplicarán el criterio restrictivo del sentido común: cada uno en su casa puede hacer lo que quiera. Y llevan razón, cada cual es muy libre de separar niños y niñas. Nadie obliga a los padres a llevar los niños a tales establecimientos, no habrían objeciones siempre que estos distingos se hicieran con dinero privado. La máxima de respeto a la propiedad privada choca, en este caso, con la función social del destino que se debe aplicar a lo que se recauda a la ciudadanía con los impuestos.

La posición del Constitucional casa perfectamente con la postura oficial de los años 40s-50s ó 60s. Más tarde, incluso bajo el régimen dictatorial anterior, ya se puso en tela de juicio el criterio. Es decir que la postura de los integrantes del alto tribunal nos transporta a 60 ó 70 años atrás. No es muy avanzado, sino más bien lo contrario, retrógrado, y éso sin entrar en disquisiciones legales, simplemente constatando las posturas mayoritarias de nuestra sociedad actual. Parece que los magistrados del Constitucional viven en otro planeta o simplemente que sus hornacinas rozan el paraíso prometido.

Eso de “los niños con los niños y las niñas con las niñas” se me recalcaba por los maestros nacionales (empleo el término a conciencia), cuando yo tenía 8 ó 9 años, ¡¡¡y de éso hace!!!! Es más, posteriormente, a pesar de estar en clases separadas, el recreo era compartido por chicos y chicas, y pueden creerlo, no pasaba nada más que nos lo pasábamos en grande. Claro que puede suceder que los defensores de la separación por “sexos” tengan algún tipo de tara mental o simplemente posean mentes estrechas, retorcidas o condicionadas por su ideología o traumas infantiles. El fomento de las diferencias sexistas es, probablemente, una de las causas del machismo, y sus manifestaciones menos deseadas. Una de ellas el retroceso hacia una sociedad patriarcal, en el peor de los sentidos, que se suponía ya superada o al menos, en fases de superación. Lo dicho, ¡mentes estrechas y retorcidas!

También pudiera pasar que detrás de esa postura no hubiera más que la defensa de intereses económicos particulares, ¡jodido dinero!, y conseguir el pago con dinero público de la enseñanza privada, ya que son incapaces de mantenerla con dinero privado, una enseñanza con criterios cicateros y retrógrados, por cierto. No se puede decir que sea muy progresista el Tribunal, ni tampoco muy objetivo ya que, según se ha filtrado en la prensa, uno de los magistrados hizo una defensa militante de ultra catolicismo, como miembro del Opus Dei que es, en apoyo de los colegios de marcado carácter religioso. El problema reside en la ambigüedad del texto constitucional, art. 27 de la CE que se refiere a la materia educativa. El Tribunal Constitucional, por lo que parece, no recoge el espíritu del texto, sino que impone la ideología de sus miembros, o de la mayoría de ellos, sin que importen las consecuencias que pueden tener para el futuro de nuestra sociedad estos fallos judiciales. Y todos sabemos cual es la ideología mayoritaria en el T.C.

Si está mal la defensa de ideologías no católicas por parte de alguna que otra alcaldesa y algún que otro diputado, también es condenable la actitud de un magistrado defendiendo principios religiosos, por muy católicas y respetables que sean sus ideas. Y todo por una razón muy sencilla: los cargos públicos son pagados por la ciudadanía y en el desempeño de sus funciones, deben ser respetuosos con las leyes, que para eso les estamos pagando los ciudadanos.

Nos sentiríamos mucho más seguros y amparados si el alto tribunal se preocupara un poco más por tutelar y garantizar el resto de derechos de forma clara y contundente.

Se vislumbra en este caso la aplicación del axioma: los beneficios son privados, las pérdidas públicas.