Los niños de “El País de los Camareros”

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Andalucía al Día, Pando Restaurantes

El otro día andaba por una conocida web de noticias cuando me di de bruces con uno de los tópicos que más he escuchado a lo largo de mi vida en nuestro país. No es que sea nada novedoso ni nada por el estilo, no os voy a sorprender mucho con eso de “El País de Camareros”.

Me hizo mucha gracia el debate que abrió la noticia: mientras unos maldecían por doquier otros tantos defendían la nobleza de la profesión. Y entre ambos caminos se tiraban piedras unos a otros (cosa que no puedo entender, pues no es que precisamente sean argumentos que se pisen mucho entre ellos, vamos…). En fin, el mismo rollo de siempre. Gente discutiendo por la situación de otra gente que no conoce y que ha provocado gente que ni sabe que existe. Hasta que leí la opinión de un chico que me hizo abrir una cerveza a su salud. Con su FP Superior en Hostelería, predicaba a todo trapo que ni país de camareros ni mierdas. Que no encontraba trabajo ni a tiros porque en todos lados preferían a personas que ni de lejos tenían la formación que él poseía…ni pedían tanto sueldo, claro. Que era un país de bares de mala muerte que explotaba a un chico de 20 años antes de escoger a un auténtico profesional hostelero. Que nunca se habría imaginado en sus dos años de Ciclo Superior (que no es que sean dos años tocando las palmas con los amigotes precisamente) que ni por esas se podía trabajar dignamente en España hoy por hoy si eres joven.

En realidad no es algo tan sorprendente lo de este chico lo sé, pero no os imagináis lo que me hizo darle al tarro. Porque yo mismo he sido uno de esos chicos de 20 años hace no mucho, y ahora, en perspectiva, con el tiempo no puedo darle más que la razón. Yo soy de esos de los que tiene que vivirlo antes de creerlo, ya no solo verlo, y es que el chaval dio en la diana. Sinceramente, no es una etapa que quiera recordar ni estoy por dar nombres ni nada por el estilo (evidentemente) pero sí que os puedo resumir rápidamente lo siguiente: me cogieron sin experiencia previa y creía que era el tío más afortunado del mundo. Já.

Promesas de contrato que nunca llegaron, horarios abusivos con horas extras no remuneradas, acusaciones graves sobre negligencias laborales inexistentes, propinas que ni hueles, carga de trabajo excesivas por querer ahorrar en personal… Los chavales tenían en su mayoría una vida media en el bar de un par de meses. Yo duré alguno más y en ese tiempo puede ver entrar y salir al menos a cinco compañeros. Todo eso sin contar con una presión constante y un ambiente general de tensión y crispación que llegó a afectar a más de uno en serio. Yo por ejemplo, con todo el carácter que tengo, había días que no quería ni salir de la cama pensando en que me tocaba ir a trabajar. Y el que me conoce sabe que eso no me pega para nada.

Y si no aguantabas, pues nada. En la puerta siempre había una cola enorme de jóvenes deseando pillar un trabajo así(o al menos como ellos imaginaban que era) y no dudaban en hacértelo saber. No os imagináis hasta qué punto esto era cierto, la gente casi se agolpaba contra los cristales currículum en mano. Pero como os dije antes ninguno de ellos tenía ni la mitad de preparación que el chico que comentaba eso por la web. Básicamente, no serían tan fáciles de engañar.

Así que me terminé la cerveza y me fui a la cama. Me vino a la mente la canción que siempre me gustaba escuchar cuando los fines de semana al amanecer estaba solo escoba en mano. Me la ponía a todo volumen y de repente se convertía en una Fender. En mi caso, además, era increíblemente idónea. Es lo primero que me viene a la cabeza cuando miro hacia esos meses, y puede que lo único que quiera recordar para, qué engañaros.