Los Papeles de Panamá: la corrupción en nuestro país no es un simple sarpullido primaveral

ICC (International Company Corruption)

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Si algo está quedando meridianamente claro con la aparición de los famosos “papeles de Panamá” es lo que en muchos medios se viene denunciado desde hace tiempo: la corrupción en nuestro país no es un simple sarpullido primaveral. Es algo que viene persistiendo en el tiempo, una práctica que amenaza con convertirse en costumbre social de buena etiqueta. Lo que no podíamos sospechar es que llegara a ser un hábito internacional.

Por desgracia para nuestra sociedad moderna, para la sociedad europea y mundial, corruptos hay en todos lados. Cierto que en algunos países más que en otros, pero al menos alguna sociedades son menos tolerantes que otras y exigen la cabeza del corrupto.

Hechas estas aclaraciones, pasemos a ver lo que nos afecta de modo directo: los implicados de nuestro país en el escándalo de los “papeles de Panamá”. Salen nombres (evitaremos mencionar a nadie) de todos los colores, de todas las tendencias políticas y de todas las profesiones. Políticos, actores, deportistas, gente de la nobleza, empresarios… y todos tienen un denominador común: ganan mucho dinero; y también se les suele llenar la boca de patriotismo. Hay nombres que han dejado mudas hasta las ideas, personas públicas que han aparecido como adalides de las libertades, defensores de los derechos humanos, protectores de la infancia que sufre, etc. Por lo que se vé son sencillamente unos falsos. Como se dice por esta tierra nuestra: más falsos que Judas.

Causa estupor ver cómo varios de los que aparecen en esos papeles han destacado siempre como incondicionales colaboradores de algunas ONGs, otros como defensores de minorías reprimidas y repudiadas por la sociedad conservadora, algunos han participado en campañas políticas de partidos progresistas, se han manifestado abiertamente contra las guerras, contra las corridas de toros, etc. Y ahora resulta que son conservadores… de su dinero; más bien ULTRACONSERVADORES de sus billetes.

Se ha hecho hincapié en que aparecer en la lista famosa no es lo mismo que haber cometido un delito, ¡cierto!. En tanto no se demuestre que se ha cometido una ilegalidad, que no se cumple con la ley de nuestro país, no hay nada ilegal en tener inversiones o depósitos bancarios o empresas más o menos transparentes en el extranjero. Pero, y aquí surge el sarpullido, es muy poco ético que mientras recibes subvenciones por tus películas, por poner un ejemplo, te lleves el dinero que ganas en España con tu trabajo honrado, ni lo dudamos, pero que sale del bolsillo de los españoles.

No es de recibo que el dinero que se produce en España salga de nuestro país, y menos cuando es dinero consecuencia del apoyo, totalmente legal, de organismos o entidades públicos.

A pesar de todo, no podemos caer en la acusación facilona del “estamos en un país de corruptos y de maleantes”. ¡No!. La mayoría, la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, cumplimos con nuestras obligaciones fiscales, nos esforzamos, en la medida de nuestras energías y responsabilidades, para sacar adelante a nuestro país y somos personas honradas.

Ante estas prácticas poco éticas por parte de algunos, o de muchos, no podemos llegar a conclusiones generalizadas y por tanto erróneas: primero hay que ver los hechos, analizarlos a fondo y, si hay culpabilidad punible, que los tribunales establezcan las penas que correspondan. Y una vez recorrido en ese orden el camino, poner nombres y apellidos a los delincuentes. ¡No lo hagamos al revés!.