Los transcriptores del Congreso deben estar hartos

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Imaginen que alguien fuera capaz de esculpir palabras y trabajara como transcriptor en el Congreso de los Diputados tuviese que hacer belleza de un trozo de mármol basándose en lo que dicen algunos representantes. Dicen que Beethoven intentó convertir la fealdad en hermosura a través de su herramienta, la música; un par de siglos después vimos que Leopoldo María Panero hacía que palabras escatológicas nos parecieran angelicales; pero ese pobre escultor de palabras que en su tiempo libre transcribe en el Congreso qué mal lo iba a pasar. No ya porque lo que se diga esté muchas veces mal dicho, sino porque lo que se critica no va a cambiar el futuro del país, creo eso debería formar parte de varios catálogos a domicilio de cosas preocupantes, que para hacer un pacto se habla de todo, menos sobre cosas pactables.

¿Estamos en la legislatura de las formas? La palabra no se usa para criticar la palabra, por supuesto, tampoco para alzarla, tampoco se usa para criticar políticas y, desde luego, tampoco para alzarlas. Ciudadanos vive en el mundo del sofismo en el cual todo tiene un lado bueno, sobre todo si les interesa, al Partido Popular ya le conocemos; mientras tanto, PSOE y Podemos libran su pequeña batalla. Cada cual ha presentado ya propuestas muy sustanciales, proposiciones sobre las que la lógica dice que deberían llegar a un acuerdo, no obstante, el debate está en la chaqueta, la corbata, la forma de jurar o prometer la Constitución. Y además el discurso es vacío, sin materia, sin mármol para un transcriptor que esculpiera.

Y creo que la culpa es más de Podemos, francamente. Se presentaron diciendo que eran los de abajo e iban a por los de arriba, lo aplaudo, pero ahora ponen como condición un referéndum en Cataluña que como mínimo es discutible, llevo meses pensando sobre cómo lo considero, yo mismo no me aclaro, y da la sensación de que legislar sobre los que están abajo ya no es línea roja, como mucho es amarillita. Luego los grupos parlamentarios, se lo exige a un PSOE con un PSC casi pegado con celofán, no vale crear horrocruxes, como hiciera Voldemort en Harry Potter. En cualquier caso, Oltra pide en El País que cedan diputados igual que cedieron a los nacionalistas, es que ¿eso a quién se le ocurre, Pedro Sánchez? Se juntan el hambre con las ganas de comer.

Dijo Jesucristo en el Sermón del Monte lo siguiente: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados. Hambre hay, de sobra, pero la izquierda parece estar discutiendo el menú. A eso se le suman los aires mesiánicos y entonces explota la rabia. Se dicen tan buenos a sí mismos que si se les dijera “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”, ellos tirarían tres o cuatro.

Los transcriptores del Congreso deben de estar hartos, sobre todo si son de izquierdas.