El lupanar de la democracia

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¿Recuerdan ustedes a ese político de frondoso bigote y sonrisa ladina que resonaba cual hiena con su histriónica carcajada? Claro que lo recuerdan, más que nada por sus cagadas, pero también por esa frase tan cansina, ésa que decía “VÁYASE SEÑOR GONZÁLEZ” y que aún resuena en nuestra cabeza con ese timbre tan desagradable y tan suyo. Seguro que lo recuerdan, y quién no. Ya por entonces en Congreso de los Diputados era un putiferio, y perdón por la palabra, pero lo era con un poco más de dignidad. Dignidad porque el pueblo se la conferíamos, porque se suponía que los políticos realmente nos representaban, o al menos lo creíamos y éstos nos lo hacían creer.

Pero pasó lo que tenía que pasar, que todas las mierdas que hicieron por aquel entonces salieron a flote y nos salpicaron, demostrándonos que las dos grandes fuerzas políticas de aquellos tiempos eran un nido de corruptelas donde no se libraba de culpa ni el apuntador, donde el más tonto si no recibía un sobre era porque se encargaba de rellenarlos guardándose algún que otro billetaco para solaz y disfrute propio.

Un putiferio, o lupanar si gustan, tal como titulo estas letras, donde las ansias de gobernar hacían que tanto el PP y el PSOE se bajase los pantalones con otros partidos minoritarios, y principalmente con cortes nacionalistas, para seguir en la cima jodiendo al ciudadano de a pie. Así nacionalistas catalanes y vascos (en mayor cuantía) conseguían un mayor bienestar para sus gentes en detrimento de la igualdad de derechos y oportunidades del resto de los españoles. Algo que no es nuevo en la historia del gobierno de nuestra bien amada nación. Ya ven la mayor casa de citas, a la que no iban famosas actrices a sacarse unos cuartos, por no decir muchos, y así mantener su ritmo de vida, una casa de citas donde otros partidos se arrimaban cual mamporreros con la finalidad de poder mamar de las arcas del país, independientemente de si era a la izquierda o a la derecha a quien tuviesen que sostenérsela.

Lo bueno de este lupanar es que aparece carne fresca, más por la falta de calidad y de lo rancio que son algunos que por la necesidad. Carne fresca, algunas fallidas y otras con más fuerza, con un discurso renovado, con la boca llena de tantas palabras que no saben qué responder y aun así sueltan su palabrería cada vez que pueden. Palabrería que en definitiva sigue siendo la misma pero con un maquillaje distinto y disimulada con el perfume que trae los aires de renovación, esos vientos que disimulan la misma mierda.

Pues con esos aires de renovación nos llegan palabras perdidas de nuestro vocabulario, mejor que perdidas diría yo que en desuso, y no me refiero a aquellas que sólo encontramos ya en la literatura, como enjuto, dornillo, pavesas, alcorque… sino otras como coherente, cinismo, demagogia, consecuentes, cohesión…

Sinceramente, no voy a relatarles el significado ni de las primeras y tampoco de las segundas, simplemente permítanme usar algunas del segundo grupo en el tramo final de este artículo con el que nada más pretendo compartir mi opinión.

Buscando ser la comidilla del pueblo y de los pasillos del putiferio no se puede ser un cínico y así tener su minuto de gloria todos los días, y ya de esos personajes les hablé no hace mucho tiempo, pero es que algunos son tan cínicos que ahora repudian al señor Zaplana porque lo han “trincao”, los mismos que le dieron la espalda a la señora Barberá y se rasgaron las vestiduras el día que falleció. Actualmente son los más cínicos, aunque con el señor Rufián es más divertido, al menos para mi gusto. Y al resto ahora los menciono por sus otras lindezas.

La palabra del día en estos últimos días es coherencia, la que no ha demostrado el señor Iglesias y la señorita Montero con la compra de su casita en el campo demostrando que su discurso es pura demagogia y que no hay tanta cohesión en su partido, aunque tiene discípulos que por defenderlos ciegamente son capaces de romper más el partido, sí el señor Monedero y sus tonterías, que hasta él tiene que arremeter contra los andaluces, aunque sean de su partido y en especial con el alcalde de Cádiz, Kichi para los amigos, el cual y como representante del pueblo de Cádiz es consecuente y no rechaza el contrato de la construcción de unas fragatas independientemente del país que las compre, consecuente porque seguramente estamos hablando de la provincia española con más paro. A parte de eso, lo que ha quedado claro es que el circo de la consulta ha hecho más daño de lo que se imaginan, ya que no han participado en la misma más del cincuenta por ciento de la militancia, y de los que sí lo han hecho, más de un tercio no quieren ese bicefalismo representándolos.

Hay una palabra que no he mencionado antes, ya por olvido, ya por no estar en desuso, Indeciso, que es lo que el señor Rivera y la formación naranja está demostrando mientras la militancia del PP abandona el barco y se suman a esta nueva agrupación. Indeciso por no plantar cara, por decir aquí dije y ahora digo, indeciso por no exigir la convocatoria de unas elecciones generales y la dimisión del gobierno. No, C`s es el nuevo mamporrero del lupanar, que se la sujeta al PP en el gobierno central y al PSOE en el parlamento andaluz, le da igual a quien arrimarse para participar, y esa indecisión será su perdición.

Y ahora volvamos a los verdaderos incoherentes de este país, la verdadera vergüenza nacional. No se puede tener dos partidos que son un vivo ejemplo de corruptelas a todos los niveles de los estamentos políticos. Cierto que tramas de corrupción del PP son más que las del PSOE, pero lo cortés no quita lo valiente. No se puede permitir que un partido corrupto sea sustituido por otro partido corrupto en el gobierno de la nación. Sean ustedes consecuentes, coherentes y, a ser posible, decentes. Empiecen por barrer sus casas, disuelvan sus partidos, pidan disculpas y aprendan de la Real Academia Española, que fija, brilla y da esplendor.

Por coherencia, por consecuentes y por consiguiente (como decía Felipe Gonzalez y usando las palabras de Aznar), váyase señor M punto Rajoy (que valiente tontería lo de M punto), váyase señor Sánchez, váyanse todos los que jamás han sido capaces de manejar el timón y nunca han sabido gobernarnos, váyanse como dijo el gran Fernando Fernán Gómez, váyanse.