Machismo, feminismo y arte. Breve reflexión.

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Cartel de "Hamlet" del Teatro Español, donde Blanca Portillo hacía el mítico personaje de Shakespeare.

Recientemente reflexionaba sobre el reggeatón. ¿Es el reggeatón malo por su machismo? -me preguntaba-. No puede serlo sólo por eso. Las expresiones artísticas a lo largo de la historia han sido machistas casi siempre por haberlas hecho hombres machistas en su inmensa mayoría. Considero que el reggeatón podría abonar plantas, pero de eso hablaré en otro momento.

El arte ha sido androcentrista y androcentrista sigue. Gran parte de los cuadros tratan sobre hombres o sobre mujeres sirviendo a hombres para algo, cuando no sexualizadas. Rara película pasa el test de Bechdel; las listas de las mejores canciones del Siglo XX están copadas en su mayoría por hombres o bandas masculinas. Es más, en la mayoría de los casos tratan sobre amor romántico u objetivizan…

Opino, además, que susodicho problema no es antropológico, sino educacional. Las diferencias biológicas obvias no son óbice para haber construido una mujer que es musa y no escritora. De hecho, no consigo creerme que las orquestas filarmónicas no sean paritarias en base al talento. Hay que considerar, además, que las pruebas son sin mampara. Es decir, que quien juzgue ve la cara del que toca, por lo que la leyenda negra sobre favoritismos y prejuicios no hace sino crecer.

Volviendo al machismo, el problema del arte es que en la mayoría de los casos es una expresión, es decir, que es más o menos sincero. Además, por si la complicación no fuera ya excesiva, sucede que en muchos casos el o la artista habla desde el subconsciente. Si objetivamos (como creo que es objetivizable) el hecho de que nuestra educación ha sido (y ahí sigue) siendo machista, sería deducible el hecho de que nuestro subconsciente también lo será. A su vez, está el machismo campante. El raso e inexcusable. Recuerdo aquella columna de Marías (un escritor formidable, y con perdón) sobre el teatro contemporáneo. Le cito:

En 2012 Phyllida Lloyd tuvo al parecer éxito con su versión de Julio César ambientada en una cárcel de mujeres y con reparto femenino al completo, consiguientemente. La verdad, para mí no, gracias.

El artículo iba sobre más cosas, no lo descontextualicen. Es más, en pos de reflexionar al respecto, les recomiendo su lectura. Lo que sucede es que el hecho de que Blanca Portillo haya hecho Hamlet y, en la permanente encrucijada femenina sobre el poder, techos de cristal, etc, etc, se pregunte “Ser o no ser, esa es la cuestión” resulta un giro maravilloso, pues entiendo que el arte, en cierto modo, también es lo que se provoca. Qué duda cabe, Shakespeare resulta siempre prodigioso, en cualquiera de sus formas, por lo mismo: ¿Qué duda cabe de que será representado tal y como él pensó su obra?

¿Entonces, qué hacemos?

Como decía antes, el problema es educacional. El arte se seguirá produciendo, pero para hacerlo igualitario primero tenemos que cambiar la mentalidad de los artistas.

Suena facilísimo.

El problema es que los artistas viven en la sociedad y no tienen porqué representar su vida. Para crear su obra, es natural reflejar la sociedad. Es más, si no se refleja la sociedad tal y como es, la obra puede ser inverosímil.

¡Cuidado! Representar la realidad tal y como es no implica, bajo ningún concepto, no hacer artificios como la ciencia ficción o el realismo mágico. Representar a la sociedad quiere decir representar a las personas que la componen. Si se fijan, los problemas de Star Wars (la deshumanización de un régimen, la lucha por el poder…) bien podrían darse en cualquier dictadura o en cualquier revolución de hoy en día. Por ende, ser verosímil no significa más que hacer que el lector, vidente u oyente se lo crea.

En definitiva, para hacer que el arte sea igualitario, la sociedad ha de cambiar primero, pues, cambiando la sociedad, cambiarán los y las artistas y, por lo tanto, su arte.