Los fantasmas de Maduro y Trump y la inconsciente indiferencia

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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Europa Press.

Dos fantasmas parecen estar peleando por el título mundial. Trump y Maduro hacen declaraciones absurdas todos los días, no fallan. El propio Trump afirmaba que intervenir militarmente en Venezuela es una opción. Si hay algo que podía unir a la oposición venezolana con el Gobierno, era precisamente esto: Ambas lo rechazan.

Maduro y Trump son dos irresponsables. Estados Unidos ha visto por enésima vez una brutal agresión racista. Hay afirmaciones cuya censura me resulta obvia: cuando el Representante de un Estado dice burradas, los que se han podido ver reflejados en él cogen y las hacen. Es conveniente mandar un saludo a los seguidores de la política pop que afirmaban que poner a un imbécil al frente del país más poderoso del mundo era una buena idea, pues Clinton era parte del poder (y tal, y cual).

Al sur, la situación venezolana no mejora. Pensábamos que empezaba a haber diálogo, pero no era cierto. Tan controvertido resulta afirmar que aquello se ha convertido en una dictadura, como controvertido resulta calificar aquello de democracia. En cualquier caso, cuando se empieza a intervenir en el poder judicial, todo pinta en bastos, la base de la democracia es una separación de poderes veraz. Cabe afirmar, no obstante, que cuando pasó aquella cosa tan extraña durante la madrugá de Sevilla, no nos enteramos bien de qué sucedió. Cada cual hizo sus cábalas y le echó la culpa a lo que mejor le vino. Bien, de esto no nos enteramos bien y pasó aquí, esto me hace pensar que, en torno a Venezuela, como en torno a casi todo, lo más sabio es dudar.

Dicho esto, no deja de sorprenderme que se siga cayendo en la inconsciencia de que Venezuela no debería importarnos tanto. Si bien considero cierto que se ha hecho propaganda con lo sucedido en Caracas, no es menos cierto que España debe tomar un papel crucial en este conflicto. América Latina es uno de nuestros principales aliados a nivel internacional, es por ello que la estabilidad del continente nos puede repercutir y mucho. Por supuesto, es criticable la desinformación, la injerencia comunicativa y la no-información de la situación en otros países de la región, pero todo ello no es óbice para que sí nos informemos y nos preocupemos por un país que es, como digo, debería ser aliado.

Por otra parte, el hecho de que todo esto esté pasando en el país con una de las mayores reservas de petróleo es, indiscutiblemente, un asunto para tratar. Si miran a su alrededor, verán montones y montones de cosas hechas con plástico y, si se asoman por la ventana, verán una excesiva cantidad de coches. Venezuela no sólo debería importarnos por nuestra historia común, es que, además, puede ser crucial en la economía mundial.

Algo muy parecido ocurre con los Estados Unidos: Lo que suceda en Nueva York tiene su efecto en cualquier pueblo de España. Como decía antes, que el país más poderoso del mundo esté gobernado por una persona que cada día demuestra ser más imbécil es muy peligroso. Por si fuera poco, en los noventa hubo millones de mujeres que se peinaron como Jennifer Aniston en Friends; el Cosmopolitan es un cocktail famoso desde que se lo bebió alguien en Sexo en Nueva York. Llevamos los zapatos que lleven ellos, escuchamos la música que hacen y vemos el cine y las series que producen. ¿Tan raro sería que les imitásemos también en la elección de nuestros representantes?

Sí, se desinforma y, desde los medios de comunicación, se han hecho auténticas barrabasadas. Pero ninguna de las dos cosas hacen que lo que hagan los fantasmas de Maduro y Trump, cada cual en su despacho, no sean inquietantes: preocuparse por la situación en ambos países es un síntoma de conciencia.