¡Maldita memoria!

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Foto Facebook armh.memoriahistorica

Nos quieren volver enfermos de alzheimer, ponen todo su empeño en que olvidemos, en que pasemos página a nuestra historia. Son una minoría, una minoría interesada, sectaria y vergonzante que trata de imponer sus criterios, como si no estuviéramos en una democracia, a la mayoría de los ciudadanos, enviando a la cuneta, nunca mejor dicho, a los danmnificados. Dejan a un lado que la historia no se olvida, no se puede ni se debe olvidar porque, gracias a la Historia (mejor con mayúscula), el ser humano avanza y corrige sus errores. Trataremos de no mencionar un sólo nombre ni relacionar una sola sigla partidista. Y ello, porque el tema es un asunto de estado, algo que afecta a TODOS los españoles y no, como se pretende hacer ver por un grupo sectario, a una minoría con ansias de revancha.

De nuevo, ¡a vueltas con las fosas comunes! ¿Cuándo se tomará conciencia por todos los representantes de los ciudadanos que es algo que nos afecta a todos? En nuestro país, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros países como Chile y Argentina, por poner dos ejemplos de dictaduras recientes, se ha cerrado en falso el capítulo de atrocidades cometidas por los golpistas. No es que desde estas líneas se abogue por exigir responsabilidades, que en este caso serían históricas, a los golpistas españoles. Lo único que se debe hacer es reconocer la dignidad de los ciudadanos españoles que fueron asesinados por tener una idea política y, 83 años después, ¡nada menos que 83 años!, todavía siguen tirados en cunetas y fosas comunes. ¿Cabe más crueldad y más rencor que se siga permitiendo esta situación por parte de nuestra democrática sociedad? Ese comportamiento ni siquiera es comparable con el de los animales y alimañas, ni por supuesto, con los de países civilizados. Cuando en España, nuestro país, se siguen conservando, por una parte de la sociedad, odios, exclusiones por motivos ideológicos y sectarismo por cuestiones políticas ocurridas ¡hace más de 83 años!, es que todavía no hemos salido ni siquiera de la oscuridad de la Edad Media. Esa Guerra incivil dejó muchas secuelas y los “vencedores”, tal vez sólo hubo vencidos, no han sabido administrar su “triunfo” sino todo lo contrario.

Han pasado 83 años, de aquellos tristes episodios, y todavía miles de personas siguen teniendo sus huesos en cunetas, fosas comunes y lugares desconocidos. Y lo peor del caso es que una parte de la sociedad española, una parte minoritaria pero con una gran influencia mediática, económica y política, sigue sin reconocer la dignidad de unos ciudadanos que, con razón o sin ella, perdieron su vida a manos de otros ciudadanos españoles. La victimas sin ninguna duda, han sido los de los dos bandos: asesinados y asesinos.

A estas alturas, y con el bálsamo del tiempo, la llegada de las libertades, los más de 40 años de democracia, un sistema constitucional consolidado y todos los etcéteras que se quieran, todavía no se ha cerrado la herida. Es más, una parte de nuestra sociedad no quiere cerrarla. Lo peor de todo, es que esa minoría cada vez que puede se confiesa creyente (que no se entienda esto como un ataque o un reproche a ninguna religión), defiende el derecho a la vida (al menos sobre el papel) y en muchos, en muchísimos casos, son personas de práctica religiosa habitual. Sin embargo se olvidan de la dignidad de unos ciudadanos españoles cuyos restos siguen sin tener una sepultura digna. Parece que los principios morales que predican no concuerdan van con la dignidad que merecen los enterrados en lugares indignos para a la persona humana y los ciudadanos españoles. Tal vez una fosa digna que acoja los restos de estas personas sean más acordes con los principios y los derechos humanos.

En algún caso se ha tildado de “buscadores de huesos” a los que siguen reclamando una sepultura digna para sus familiares, incluso se han vertido acusaciones impropias de personajes públicos. Hay quien opina que cuesta mucho dinero identificar los restos. Nadie se queja de lo que nos ha costado reflotar los bancos con dinero público, es decir de los ciudadanos, por culpa de la ineptitud de los banqueros y de algunos políticos, ni de lo que se ha pagado a la empresa privada por rescatar inútiles autopistas, ni de lo que hemos pagado por aeropuertos desiertos, etc. Posiblemente piensen esas personas que argumentan esto que los culpables de los fiascos de los bancos y de las autopistas tienen más derechos y más dignidad que unos ciudadanos españoles que perdieron su vida en una incivil contienda.

Ya es hora de dar digna sepultura a los restos de esos españoles, y cerrar el triste y vergonzante episodio del pasado. Es lo único que piden sus familiares.