Marlene Monteiro Freitas despliega toda la magia de su danza en el Teatro Alhambra

La cita con Marlene Monteiro Freitas es en el Teatro Alhambra el domingo 14 a las siete de la tarde

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Andalucía al Día, Guintche Teatro Alhambra
Guintche @ Bob Lima

‘Guintche’, el espectáculo que el próximo domingo presenta, con carácter de estreno en España, en el Teatro Alhambra es, en palabras de la artista, “es una pieza que procede de una figura que yo dibujé a partir del recuerdo de un concierto. La llamé Guintche y en todo este tiempo ha crecido, ha ganado vida y autonomía, se ha rebelado. Ha dejado de ser la prótesis de un pensamiento para transformarse en una danza”.

Entre ‘Guintche’, el dibujo y el concierto, no hay semejanzas pero sí un denominador común, la intensidad. Guintche es una palabra en criollo (de Cabo Verde), es el nombre de un pájaro, el nombre de una prostituta, pero puede tomarse como una aptitud, la única de alguien que salta de un evento a otro, con falta de coherencia en sus opciones. Guintche no está preso ni al pasado ni al futuro, es un ser o una condición del presente. Lo mismo que ocurre con el presente del intérprete y del dibujante. A través de su estructura contra-intuitiva, Guintche es una escultura de cera: “se derrite, se solidifica, se rompe, cambia de forma. Sin embargo, mantiene la misma naturaleza, sigue siendo la misma cera”.

Hay algo de demente, de irreprimible, en la empresa de Marlene Freitas. Comenzando por su duración. Un desafío. Todo sucede entre la parte baja y la parte alta de su cuerpo. La baja se entrega a la mecánica repetitiva de un contoneo de la pelvis, al acento posiblemente insular, exótico, pero también anclado en el implacable bucle musical que la sostiene. Y luego la parte superior. Sólo su rostro, y su espantosa declinación de mímicas, de muecas, de deformaciones perpetuas; puros motivos de metamorfosis permanente, liberada de toda expresividad psicológica. Este morphing en vivo magnetiza como un trance visual. Y resulta vano buscar el modelo original de un rostro estable y tranquilizador. Este vértigo traslada a las mejillas algunas cuestiones hoy determinantes en la interpretación y que no se reducen ni al teatro, ni a la danza, ni siquiera a la performance. Esta audaz exploración hace renacer eso que cada uno ve con la imaginación.

La artista

Marlene Monteiro Freitas nació en Cabo Verde donde fue la cofundadora del grupo Compass. Estudió danza en Bruselas y Lisboa. Ha trabajado con Emmanuelle Huynn, Loic Touzé, Tânia Carvalho y Boris Chamtz, entre otros. Ha creado las piezas de marfim e carne as estátuas também sofrem (2014), Paraíso -colecção privada (2012-2013), (M)imosa (2011) con Trajal Harell, François Chaignaud y Cecilia Bengolea, Guintche (2010), A Seriedade diA imal (2009-10), Uns e outros (2008), A Improbabilidade da Certeza (2006) y Primavera Impressão (2005), creaciones que tienen como denominador común la abertura, la impureza y la intensidad. Es también cofundadora de P.OR.K, estructura de producción con sede en Lisboa.