Mamá, no quiero ser artista

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Recuerdan esa frase en boca de Concha Velasco? ¿Con esos ojos bien abiertos y rebosantes de ilusión? ¿Y se imaginan decirlo en aquella época, allá por los setenta (o antes)? Cuando la dictadura por fin sufría sus últimos estertores y llegaban aires renovados de democracia, pero nada más que los aires, porque las mentalidades en lo cotidiano tampoco es que se estuviesen renovando al mismo ritmo.

¿Lo recuerdan? Porque yo, sin ningún ánimo de ofender, les puedo recordar las respuestas que escuchaban muchos de esos artistas soñadores: “¡Papá, quiero ser bailarín!” (¡Ea, ya nos salió el niño maricón) “¡Mamá, mira mis versos, ¡seré poeta!” (Anda, guarda eso y que no los vea tu padre) “¡Papá, yo quiero ser artista!” (¿Artista? ¡tú como mucho acabas de prostituta en algún bar de carretera!)

Por favor, no se lleven las manos a la cabeza porque muchas de esas frases existieron, y muchas más, además de las consabidas leches que te podían dar que te ponían el flequillo al revés. Y de eso saben mucho grandes artistas que acabaron fugándose con mil pesetas en el bolsillo y un beso de su madre en la mejilla, incluso algunos casi ni con eso, con una mano delante y otra detrás, como esos toreros que salían en las pelis de aquella época, digamos Sebastián Palomo Linares en Nuevo en esta plaza, o la de algún famoso cantante que iba para ser futbolista, sí, Julio Iglesias en La vida sigue igual. Ya ven, ejemplos de superación a los que no le dijeron que su futuro era poner ladrillos.

Yo, personalmente, también he soñado como muchos niños en ser artista. ¿Quién no ha cantado con un cepillo en la mano? Y quien dice cepillo se acepta cuchara de palo, bolígrafo o micrófono invisible… porque aún lo hacemos. Y cuando digo artista no me refiero a ser cantante, sino a estar sobre un escenario actuando en una obra de teatro o, sí, ¿por qué no? Y con letras grandes y luminosas ¡EN EL CINE!. ¿Y qué niño no ha soñado con ser bombero, policía, conductor de ambulancia (yo lo he sido, chincha), con la sirena a mil y esquivando el trafico para salvar una vida?

No, a lo que yo iba, yo de siempre he querido escribir, aunque fuese bastante pésimo en literatura, que por lo que veo tampoco es que me haya afectado en demasía. Pero yo nunca les grité a mis padres “¡PAPÁ, MAMÁ, QUIERO SER POETA!”, y digo poeta porque por la poesía comencé en mi adolescencia y aún me acompaña entre artículos, novelas y otros legajos con los que me atrevo. Sé que en vida no me dará para mucho más que para pipas, que llegar al nivel de Pérez-Reverte (a quien me encantaría conocer) o Ruiz Zafón (con quien me compararon en una reseña tiempo ha) es harto complicado, pero que ahí seguiré conociendo a muchos otros más que, como yo, escribimos con más o menos éxito, José Campanario, Sofía Navarro, Blas Ruiz Grau, Luisa M. Cisneros José Rodríguez Barreiro, Xavier Alcover, Rafael Limones, Esteban Navarro, Fernando Cotta… y así un sinfín de escritores que me dejo en el tintero.

Pues eso, recuerdos y algunos locos que queremos hacer realidad nuestros sueños, y más ahora, que con las nuevas tecnologías hay muchas cosas que cambian. Porque ahora, la chica de turno (o el chico también) llega a casa y dice “MAMÁ, QUIERO SER INFLUENCER” o el otro que llega y dice “YA TENGO CLARO QUE VOY A HACER CON MI VIDA, ¡VOY A SER YOUTUBER!” (esto último incluso con el puño alzado cual justiciero).

En la cuestión de querer ser youtuber no quiero profundizar, más que nada porque, además de los que se pegan todo el día enganchados a los videojuegos demostrando sus habilidades, sé que los hay de gran utilidad, desde explicar con tutoriales el funcionamiento de un programa informático hasta explicar las ciencias de una manera amena y comprensible. ¿Pero lo de influencer? Si la primera respuesta en casa fue ¿Influerqueeeeeé? ¿Esto qué es, sentarte delante de la cámara del ordenador (para empezar) y hacer que tu opinión en moda, estilo, tecnología y demás tenga algún peso? ¿Como Gwineth Paltrow con sus enemas de café y otras chuminás?

Yo es que realmente en esa vorágine de personajillos me pierdo, y me preocupo, porque, además, en este mundo de ser influencer ya se suma cualquiera. Aún me duelen los ojos viendo a Kiko Rivera con el modelito que vi en las redes sociales ¿De verdad que eso ha de ser tendencia? o cuando Sergio Ramos salió en las RRSS con ese abrigo azul (carísimo, seguro) que parecía de felpa desechada para un fallido personaje de los teleñecos.

Y ya de camino les hago una pregunta ¿Cómo se llaman a los seguidores de los Influencers, borreguers o gilipollers? Ni idea, es algo que no me quita el sueño.

Que sí, que si algún personajillo le da por leerme me podrá replicar con todas las cosas que le regalan, con todo lo que ganan aborregando a las masas. Que sí, que puede que jamás tenga tanto seguidores como ustedes, pero yo sí sé cómo llamar a mis escasos lectores, PENSADORES, que, junto a los miles de lectores de otros tantos escritores hacen que pueda respirar tranquilo sabiendo que esta sociedad aún tiene solución.