Manipulación despreciable

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miguel angel blanco
Fuente: Europa Press

¿Hay algo más deshonesto que la utilización de la muerte de una persona en beneficio propio? Pensamos que sí: la utilización realizada por un partido político, autodenominado democrático, y que encima detenta enormes parcelas de poder político, es una inmoralidad. Ésta es también una forma de corrupción, quizás una de las peores manifestaciones de corrupción: la corrupción moral.

Porque hay que ser realmente muy ruin para utilizar de forma intencionada y partidista la muerte de una persona en beneficio propio, para descalificar a los que políticamente piensen de forma distinta y sacar tajada de la acción criminal de una banda de mafiosos asesinos.

Hay que ser miserable para pisotear sentimientos familiares, para arrojar a la basura valores humanos y para olvidar que la muerte de una persona es algo que merece respeto. No es un comportamiento aislado cuando tienen tal desprecio a la vida, que se burlan de los que quieren enterrar los restos de sus familiares de forma decente; que maldicen y tratan de ridiculizar, poniendo de manifiesto su propia falta de humanidad, a los que reclaman los huesos de sus seres queridos que yacen en las cunetas de las carreteras para darles una digna sepultura, ni más ni menos que la que corresponde a un ser humano.

Hay que ser mezquino para ningunear a miles de personas asesinadas por el terrorismo y despreciar el dolor de los familiares de todas las víctimas, dando el papel protagonista a uno sólo. Y no es por no honrar la memoria de esa persona, algo loable siempre que no hubiera intención partidaria y maliciosa, hábito de tahúres, de utilizar esa muerte para beneficio y ventaja propios.

La actitud de estas sabandijas no engaña a nadie más que a los que quieren ser engañados, que son igual de despreciables que estos manipuladores. No engañan las maniobras maliciosas, malsanas y repugnantes de estas alimañas. Las personas de bien rechazamos la utilización indecente de la muerte. En el caso del homenaje, de dominio público, al joven concejal, no pensamos que sea inmerecido por el hecho de ser miembro de un partido político, todo lo contrario. Lo que ocurre es que en otros casos no se ha rendido el honor que corresponde a personas asesinadas porque no militaban en ninguna formación política. Nos viene a la memoria el profesor Francisco Tomás y Valiente, cuyo “delito” consistió en defender las libertades y los derechos de los ciudadanos desde cualquier posición y haber sido miembro del Tribunal Constitucional. En todo caso el homenaje, el reconocimiento público, debería haber sido a TODAS las víctimas, sin exclusiones. No se ha hecho porque ha prevalecido la actitud ventajista de sacar tajada de la memoria del joven concejal asesinado.

Por eso, ante la baja catadura moral de esta canalla carroñera solo cabe una actitud que se nos antoja generosa, muy generosa, por parte de los ciudadanos: