Qué maravillosa historia es El Señor de los Anillos

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Vigo Mortensen interpretando a Aragorn, uno de los personajes principales de "El Señor de los Anillos". Youtube.

Hay dos temas en el mundo del arte que engloban todos los demás: Uno es el amor, por razones tiernas que (no sé si afortunadamente) aún se nos escapan; el otro es el poder. El poder en todas las facetas en las que se puede manifestar: Religión, economía, hegemonías, sociedad… Y, afortunadamente, las dos grandes historias que hemos visto los milennial (El Señor de los Anillos y Harry Potter) se basan en cómo derrotar a un poder maligno mediante la cooperación.

La historia que cuenta Tolkien me parece un suceso que no admite discusión. Tenemos un problema global, es obvio; hay un objeto que, más allá de ambiciones personales, estatales o nacionales y este objeto debe ser destruido porque si no la Tierra Media se hará añicos. Entre tanto, la raza más débil y en principio más incapaz de la susodicha tierra adquiere una importancia capital: Son tan endemoniadamente epicúreos que el poder les es menos atrayente y, por ende, son los más indicados para destruir el anillo.

El anillo de poder, qué cacharro. “Un anillo para dominarlos a todos”. En realidad es la manifestación del poder en sí mismo y su capacidad para corromper a quien lo tiene en su mano. Gollum, ese personaje que se hizo tan famoso por su frase “Mi tesoro” (“my precious” en inglés), era tan lozano como cualquier otro hobbit, de hecho se llamaba Smeagol. Pero el anillo lo volvió un ser decrépito. En la historia es poco menos que un cadáver.

Dadas las circunstancias, todo aquello que no es Mordor (el Estado a batir, el mal) debe unirse. Lo que sucede es que al principio de la historia los hombres están divididos entre Rohan y Gondor, ambos con la legitimidad de su Gobernante en tela de juicio. Al contrario, los elfos, sin una necesidad particular en esta guerra, no tendrían porqué entrar, mientras que los enanos viven su vida. Es ahí cuando se funda “La Comunidad del Anillo”.

Cierran el círculo los detalles, esas cosas que hacen que una historia pase de ser buena a ser excelente. Las tramas secundarias son profundísimas y hay personajes secundarios de todos los perfiles, connsiguiendo que todo el mundo pueda proveerse de un reflejo en un personaje.

Pero, ya les digo, la lección más grande es que para derrotar al mal la unión es necesaria: Cuando el peligro es inminente, Aragorn entra en la sala del Rey Theoden de Rohan y grita: “¡Las almenaras arden! ¡Gondor pide auxilio!”, “Y Rohan responderá”, contesta el Rey Theoden, “Convocad a los Rohirrim”.

Por eso resulta tan cargante escuchar hablar al Presidente de los Estados Unidos ultimamente, por esa perpetua negación de la realidad. Hay un mal y es endémico. Mejor dicho, hay muchos males, todos son endémicos, todos los Estados deberían ayudarse y, en cambio, como si Saruman (uno de esos personajes malvados y oscuros que tanto me gustan) le estuviera manejando, Trump no hace más que procurarse falsas salidas en solitario.

No pediré que lea Harry Potter (donde todo el mundo mágico se une contra un tirano propio del fascismo como es Voldemort), ni por supuesto que se haga con El Señor de los Anillos, pero qué menos que verse las películas en uno de los ratos libres en los que no está haciendo el imbécil.